23 enero, 2010

Todo a la vez, todo a la vez

En ocasiones pienso que la vida no puede ser grumos de todo y de nada. Un período de aburrida exasperación interrumpido por salpicaduras de acción. Entiendo que la tierra haya temblado y se resista a dejar de hacerlo.

Todo a la vez, todo a la vez.

Una mañana hace casi quince días estaba sentada en el despacho, imprimendo el manuscrito (ni los manuscritos son ya manuscritos) de la novela de Guille Ortiz, pensando en la asquerosa reunión que tenía por la tarde. Una de esas a las que, como dice Dominique de Villepoint, te mandan a ofender, haciendo de representación de urgencia de vete a saber qué. Mi principal preocupación era la gran tangana del fin de semana. En realidad no me preocupaba. Era lamentable, pero la discusión me entretenía un poco el maldito lunes. Y el martes. Mi principal objetivo era regodearme unos días y luego seguir aburriéndome de mi trabajo en la segunda planta, mi trabajo a medias, mis días a tachar en el calendario.

El día 12 hubo un terremoto y subí voluntaria a atender la emergencia. A la cuarta planta. Allí donde quiero trabajar. El sitio al que subo muchas tardes a charlar para no olvidar lo que se siente. Es curioso, pero para que yo fuera a la cuarta planta se tenían que producir catorce carambolas del destino, catástrofe internacional aparte.

El Hombre Gato me dijo que no hay que creer en las casualidades. Estaba ocurriendo algo muy fuerte. Y yo tenía la oportunidad de vivirlo casi en el epicentro. De pronto el Gran Líder me llamó y me dijo que quedaba adscrita al caso hasta que se pasara el lío. El lío. Eso dijo y colgó el teléfono sin decir adiós.

Ni siquiera me importó. Era la persona más feliz del mundo. Aunque trabaje como una mula. Aunque muchos medios de comunicación no cuenten ni la mitad de la verdad. Aunque nada sea como parece. Aunque mi jefe me putee cuando vuelva a mi puesto habitual. Es probable que lo haga. Pero yo he hecho lo que me gusta, he ayudado y además no se me ha dado nada mal. Qué cuernos, estoy orgullosa.

En medio de todo, un compañero de emergencia entra por la puerta y me dice que voy a recitar en un sarao importante.

Todo a la vez, todo a la vez.

Ahora tengo que inventarme un currículum pinturero de escritora cultureta para impresionar.

2 comentarios:

Andrín dijo...

Dos imágenes de Haití para Kika, ella que lo ha vivido más cerca:
1. Los jóvenes haitianos armados, asaltando las tiendas no me interesan. Aquí casi hacen lo mismo los jubilados cada vez que los agricultores vienen a derramar toneladas de tomates en Atocha. 2. Kiki, el niño rescatado y ahora ya limpio, es la metáfora del futuro.

david dijo...

Kika que bueno que las cosas vengan en periodos de aburrimientos y de acción. Eso sirve para disfrutar mas en la acción, recuperarme en el aburrimiento y volver a disfrutar recordando lo vivido a la espera de un nuevo ciclo.

Besos niña mágica y un saludo desde el sur.