19 diciembre, 2009

Un post (un poco) guarrillo

- Creo que esta chica es la que me pinchó la semana pasada – le digo en inglés a mi madre – pero no estoy segura. Entonces no llevaba gafas. Me dijo que era zurda. A ver si coge un boli y lo confirmo.

Dos minutos después, la chica de las gafas me pregunta:
- ¿No estuviste aquí la semana pasada?
- Sí, vuelvo a pincharme. Y tengo que hacerme otra prueba. Quería saber en qué consiste, cuando me la mandó el médico no tuve el valor de preguntar…

Le alargo el volante de la compañía de seguros, ella pone cara de circunstancias y llama a gritos a su compañera diciendo algo así como que ya ha venido otra de la prueba de tal, explícasela, porque como lo haga mal ya la hemos liado. La compañera me dice muy seriamente que espera que no haya recogido ninguna muestra hoy, y yo empiezo a partirme de risa con las explicaciones, que eran de lo más escatológicas y encima se aderezaban con frases del tipo:
- Da gracias que no te hayan mandado lo del celo en el culo…

De verdad, no puedo ir al médico y tomármelo en serio. Está visto que es imposible. Como decía la amable chica que me explicaba todos los procesos asquerosillos, hay que echarle humor a la cosa. Aunque la cosa sea un poco asquerosa.

A la hora de comer, se lo cuento a las chicas, que no sé si se ríen por lo absurdo del momento o porque llevo en el brazo un algodón con esparadrapo que me han puesto después de hacerme el análisis normal, no la prueba guarrindonga que me harán la semana que viene. Si logro no marearme después de que me saquen la sangre, me lo dejo puesto el día entero como si fuera una especie de medalla. La verdad es que llevo cuatro veces que no me desmayo (o como dice la Dra Marta, que no me da un síncope vasovagal), porque me he dado cuenta que si me tumban en una camilla no me pasa. Desde que ella me dijo por qué ocurre y que lo mejor es que me llegue la sangre a la cabeza lo más rápido posible ya no vivo el terror a las extracciones de sangre. Terror, sí, porque uno de los recuerdos que tengo de mi infancia eran los días de análisis, y me da un miedo terrible, casi el mismo que el torno del dentista. Y eso que dice mi madre que por lo demás en lo referente a médicos no soy demasiado miedosa. El secreto es básicamente tomármelo a broma.

Nota mental – Sería conveniente aplicar esta misma actitud a otros ámbitos de la vida.

3 comentarios:

NáN dijo...

Cierto, porque en la vida es donde nois sacan sangre a chorros... claro que lo compensamos bebiendo de los otros toda la que podemos.

Y no hay que echarse las manos a la cabeza. Lo que vale es que seamos capaces de comunicarnos.

Liedchen dijo...

Bufff agujas y médicos :S a mi también me tumban siempre, sino me mareo y me caigo redonda..



Un abrazo!

carmen.-

kika... dijo...

NáN... es verdad. Tiene un posillo filosófico esto de que nos saquen la sangre, por mucho que digan que es por motivos médicos...

Carmen... ¡qué terror! ¿A qué se deberá? El acto en sí no da tanto miedo, visto fríamente...

besos y magia,
K