02 diciembre, 2009

Chinito-revival

El Chinito no pretende hacer poesía. Y la hace. Es sorprendente, porque es la persona de la que menos te lo esperas. Hace unos meses llegué a casa y le dije a mi madre que creía que el Chinito había dejado de ser mi amigo. Ella me miró con la cara que reserva para mis ataques de melodrama, que una los tiene, aunque no ocultó demasiado bien que le preocupaba.

Me imagino que su preocupación estaba provocada porque el Chinito es un amigo de verdad, de esos con los que te apetece escaparte del trabajo para ir un ratito a comer churros, o café con tarta. En ese rato te da el solecito y piensas que eso es vida, te ríes como una niña pillada en falta y tampoco te dices nada. Solamente estás, ni siquiera eres, porque con los amigos lo que gusta es estar y no importa nada lo que seas.

Hacía mucho que no le veía, y lo más que lográbamos era llamarnos una vez al mes para decirnos con prisa que andábamos confundidos, que ya nos veríamos. Nos cruzábamos en la estela uno de la otra. Nos decíamos que nos echábamos de menos, pero sonaba raro, casi hueco, hasta que hoy decidimos vernos un minuto para que yo le diera su regalo de cumpleaños.

Como hace siempre mi sobri Tato, metí la gamba:

- Espero que te guste el libro. Es una sorpresa.

Me imaginaba su cara al otro lado del teléfono, pensando pues vaya sorpresa

Él me ha regalado un bote lleno de corazones de caramelo, nos hemos contado nuestras cosas, lo hemos visto un poco más claro y ahora sé – menos mal – que no había dejado de ser mi amigo.

Lo ha dicho como todas sus verdades. Cuando menos me lo esperaba.

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