25 noviembre, 2009

De profesión… preparadora




Soy preparadora. Ya sé que suena raro, como si me hubiera metido a mandar a futbolistas correr de un lado para otro. Pero no. La vida real tiene mucho menos glamour de lo que parece, así que soy preparadora, pero de opositores. Concretamente, de un opositor, a ver si va a parecer que en la academia sita en el salón de mi casa (el salón de mi madre, para ser más exactos) admitimos a cualquiera. Esto es un centro de estudios exclusivo en el que hay que ser muy bueno en esto del recitado de temas. Si no, a mi salón no se entra.

La verdad es que no es así. Mi único alumno es El Santo, ese gran hombre al que conozco desde hace tiempo porque opositamos juntos y fuimos a la misma academia.

Es mucho mejor que yo. Es un crack, el tío. Menos mal que no se lo cree demasiado, porque si no me despediría a toda velocidad.

Me he dado cuenta de que el principal mérito de los preparadores no consiste en saber mucho, sino en que no se note lo que no sabes. Normalmente lo ocultan siendo unos prepotentes de órdago. Algunos – recuerdo a la primera que tuve – confunden darte un baño de humildad con humillarte. Yo no necesitaba baños de humildad, por cierto. Eso lo entendió muy bien el último, Sun-Tzu, que simplemente se dedicó a inflarme la autoestima hasta que logró que me saliera en el examen.

Preparando he encontrado que estoy aprendiendo mucho del opositor. Mucho más de lo que el opositor aprenderá de mí. Lo que pasa es que es como si te lo dijera muy bajito y hay que saber escucharlo, o por lo menos querer escucharlo. He aprendido que muchas veces lo que necesitamos es hablar, saber que al que ya ha aprobado no se le ha olvidado lo puteado que estaba cuando se le resistía el tercer ejercicio y ser capaz de recordar lo que era tu vida cuando te sentías solo ante el tribunal. A mí me ayuda que nunca viví la oposición de manera demasiado trágica, o al menos eso intenté. A veces hasta echo de menos esa época.

Pero no se lo digo porque lo que quiero es que apruebe.

Cuando me llaman pidiendo que les recomiende un preparador, ni se me ocurre postularme para el puesto. Les digo que hablen con No Me Llames Así, que es fantástica, o con Don Flor de Caña, y jamás se me olvida decir que Sun-Tzu es estupendo. Luego me pasa lo que me pasa, que me pongo a buscar a alguien que prepare a La Confidencial (de la que espero hablar por aquí dentro de poco), y digo que me hace falta alguien muy bueno y No Me Llames Así me dice que por qué no lo hago yo.

- Pues porque creo que los demás sois mejores.

2 comentarios:

cerillas Garibaldi dijo...

Yo también fui preparador, de mucha gente, y guardo un bonito recuerdo.
Besos, B

kika... dijo...

Yo sólo tengo un alumno, El Santo... y al Hombre Perfecto, que no ha sido mi preparando, sino que lo adopté en el marco de mi campaña oenegera "Apadrina un opositor"...

Y estoy aprendiendo mucho, Bob.

besos
Suze!