18 noviembre, 2009

Como en aquel relato

Han vuelto las náuseas. Escribo tumbada en la cama de mi madre. Ella cree que estoy incubando la gripe, pero la engaño. Sé que ha vuelto lo que fuera que tuve en verano, y lo que fuera que me atacó la noche de la fiesta en Valencia, cuando a Lady K se le evaporó el vino del cuerpo cuando me vio conducir temblando, caminar temblando, temblar en la cama del hotel mientras hilvanaba recuerdos inconexos y le daba las gracias. Ella respondía que nada de eso, que dejara los agradecimientos, que pusiera la cabeza sobre las dos almohadas. Me daba la mano y me decía que mañana estaría mejor.

Aquella noche soñé con mi sobri Tato. Sería por lo de mañana. Mañana es una etiqueta que los niños ponen en el cajón mental de todo lo que no es ahora. Soñé también con sus sapos del parque. Él los encontró al lado del estanque de la Quinta de los Molinos, e insistía en que les sacara fotos. En el sueño no llevaba la cámara, y le contestaba que los sapos son asquerosos y no merecen salir en imágenes. Al contrario que en la realidad, en la que yo ensayaba aquello de la profundidad de campo con sus ranas.

- Nunca pierdas a Lady K – me dice Mandarine.

- No pienso, es de mi familia. No como de mi familia, sino de mi propia sangre.

Mandarine y yo esperamos que ocurra algo. Yo me río y digo que es como una comedia americana, que en el siguiente plano la espera habrá sido en balde.

Ella me dice que parecemos estar dentro de un relato.

De ese relato, para más señas.

Tiene razón, pero no sé si debo decírselo.

Espero que todo acabe igual. Aunque me he dado cuenta de que no todo el mundo entiende el final de aquello que escribí. Como el final de las cosas de la vida, que nunca se comprende demasiado bien porque no se sabe dónde acaba algo y dónde comienza lo siguiente.

A saber cuándo las ganas de vomitar me dejarán volver a escribir.

3 comentarios:

NáN dijo...

Mandarine (me gusta más así) tiene razón. Estamos dentro de un relato.

Lo malo es cuando no nos dejan, si no escribirlo, al menos revisarlo y corregirlo.

Las náuseas, por ejemplo, no dejan hacerlo. Se empeñan en dejarte fuera de todo. Si al final se descubriera que lo escribes tú, te doy una bofetada. Y eso que nunca he pegado a nadie (desde que cumplí 17 años).

david dijo...

Kika se te echa mucho de menos. Espero que este punto y seguido dure poco.

Saludos desde el sur.

kika... dijo...

NáN... como verás, he hecho caso. Mandarine me gusta mucho más. Y no me des bofetadas, por favor. Que no va en tu carácter (como ves, dejo a un lado que pudiera - o no - merecérmelas)... que encontrarte por aquí es como encontrarte por la calle, donde más nos vemos, donde espero verte y partirte en dos de un abrazo (partirte en dos de forma no beligerante, claro).

david... estoy. A ratos. Como todo ahora, que es a ratos porque me canso mucho, porque me duele, porque me da ganas de vomitar... Pero estoy, y más si me lo pides.

besos a los dos!
K