07 noviembre, 2009

Amigoh

Esta semana no he escrito porque he estado en Colesdebruselas por trabajo. A lo mejor hay una o dos personas que van a esa ciudad por otros motivos, pero no me lo creo demasiado. En la calle, el silencio y el orden sólo se rompen cuando aparece alguien tirando de una maletita de cabina. En Colesdebruselas no hay gente, sólo hay maletas. Nadie pasea porque todos vamos corriendo a todas partes.

Lo único bueno de ir a esa ciudad es que en lugar de en un hotel, me quedo en casa de Yeimi. La verdad es que llevaba unos días fatales, y cuatro días de trabajo intenso seguidos de tres noches sola en un establecimiento hotelero me podían haber causado una buena escabechina mental. Además, la hospitalidad andaluza de mi Yeimi no se puede rechazar. Imposible.

Vive en una casa preciosa lejos del barrio europeo, un piso en un chaflán con la catedral de Santa Gúdula muy al fondo. Mucho espacio para bailar y hacer el chorras después de pasarnos el día currando. Tú vente a mi casa y dormimos juntitos, como cuando yo vivía en la excasa del Paseante (ver Volviendo al lugar del crimen). Ni hablar de hoteles, que tú aquí no molestas, hay que ver lo mirada que eres.

En el piso de abajo vive LaKilla. También es compañera y sin embargo amiga, eso que es tan difícil. Con ese nombre y el acento que se gasta, es inconfundible. Yeimi y LaKilla se han montado una especie de sit-com andaluza. En lugar de Friends, sería algo así como Amigoh. Se lo pasan en grande, gritando por el hueco de la escalera, subiendo en pijama de un piso a otro muertos de la risa. Con nuestros momentos de enajenación, como digo yo.

Y al final del día, cuando estamos tan reventados que casi no podemos ni hablar, llega el momento de cotillear, darle una ración de risas a todo, hablar de conocidos mutuos y no estar nunca de acuerdo, y de darnos cuenta de que la vida no es una comedieta de la tele.

A menos que te la plantees así, claro.

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