09 noviembre, 2009

359˚

Mi principal temor actual: aburrirme de mí misma. Ayer llegué a esa conclusión mientras veía un espectáculo de danza contemporánea en el que actúan mis queridos Dardem. Tengo ese lado artístico y desequilibrado, que me encanta y lucho por conservar. Tanto, que LaKilla dice que soy la productora de mi propio culebrón y por eso no quiero que se acabe. Es cierto. Algunas actitudes de los últimos tiempos me han dado mucho juego artísticamente hablando, pero ya me estoy cansando de ellas.

Hasta el juego más divertido acaba por cansar.

También tengo el lado ese adaptado. Es verdad. A veces me siento rara por ser escritora – si es que lo soy – y funcionaria, porque parecen situaciones antónimas. La dualidad funciona sólo a ratos. Como todas las contradicciones en las que vivimos, supongo.

En el escenario siguen bailando y yo pienso palabras entrecortadas, rítmicas, casi musicales. Hace tiempo que dejé de buscar la síntesis perfecta, la combinación que me haga perder el miedo a girar constantemente en una sucesión de grupos de 360 grados: volver una y otra vez al punto en el que comencé y terminar necesitando vacaciones de mí misma.

Me ha llevado bastante tiempo darme cuenta de que los giros rara vez representan una vuelta completa exacta. Me da la sensación de que me muevo exactamente 359 grados. Y el que falta es precisamente la diferencia entre que las cosas cambien y todo siga igual.

Las diferencias casi imperceptibles, los errores en las repeticiones son lo que verdaderamente importa. Pero mi vida se ha acelerado tanto que corro el riesgo de dejar de darme cuenta.

Escucho las palabras del protagonista. ¿Por qué no podemos despertarnos siendo otra persona? Menuda estupidez. Claro que podemos. Lo que pasa es que el nihilismo da mucho más juego, artísticamente hablando.

Aunque para danza y nihilismo, yo bailando en plan Shakira.


2 comentarios:

NáN dijo...

Exactamente. Eso eso. Roba un grado de vez en cuándo y nunca repetirás el punto de partida.

kika... dijo...

Y como no repito, cada día es diferente. Por mucho que las rutinas se empeñen.

Besos, tantos besos, querido NáN...
K