10 octubre, 2009

Algún día las secretarias dominarán el mundo

Para mi ex-compañera de trabajo
y sin embargo amiga Mary-Bye,
con la que aprendí todo lo que había que saber
sobre el mundo laboral...


Buena noticia. Me han ascendido en el trabajo. He pasado de cuchitrilera a Jefe de Letrina. No hay que dejarse llevar por el nombre del puesto, ya que los Jefes de Letrina (hay muchos en mi trabajo) no somos jefes de nada: no decidimos nada ni tenemos a nadie a nuestro cargo. Muchos dirían que es el sueño dorado de todo funcionario, pero son ignorantes porque en los Ministerios españoles casi todo el mundo es Jefe de Algo, así, con sus mayúsculas y todo. Además, los Jefes de Letrina somos gente que pringa bastante. No somos tu típico funcionario, como dirían por ahí.

Al principio te confundes un poco con tanto cargo y tanta vaina, y tu habilidad para sobrevivir depende mucho de si has trabajado antes o no. Yo soy de las que ha currado tanto en el sector privado como en el público antes de aprobar la oposición, así que en materia laboral tengo más conchas que un galápago, como diría mi madre.

Primera lección. Los jefes supremos, que por cierto no se llaman Jefes de nada (menuda contradicción) no son necesariamente la gente más poderosa. El poder es muy esquivo y tiene por costumbre alojarse en sitios poco evidentes. En mi trabajo, lo tienen las secretarias. Ellas deciden cuándo te piden las tarjetas de visita, si te tramitan los días de vacaciones y catorce mandangas similares. A mí, en general, me caen fenomenal: cuando yo era cuchitrilera les causé muy buena impresión y todavía dicen que soy una enchufada.

Pero una siempre se encuentra con la horma de su zapato. En mi caso, la secretaria de mi jefe. Esto fue lo que le dije el segundo día de trabajo:
- Hola, buenos días. Venía a pedir un poco de material de escritorio, que los muebles de mi despacho son nuevos y no hay nada de nada...

Ella me mira como diciendo pues nos ha salido fina la niña esta, pidiendo bolis... y responde:
- ¿Qué quieres?
- Mmmmm - la pregunta seguro que tenía trampa - pues dos bolis, uno azul y uno negro, un rotulador fluorescente amarillo y un cuaderno.
- Pufffff... imposible.
- Bueno - intento rehacerme mientras pienso que vaya rigidez con el presupuesto - pues con un boli me vale, pero que sea azul, y el cuaderno sí que lo necesito, porque es para ir a despachar... a menos que haya blocs de notas...
- No, mira... es que casi no me queda de nada porque acaba de empezar la temporada escolar... - me dice mientras saca el resto de las cosas de un armario donde las tenía bajo llave.

Me quedé de piedra.

Aunque ahora estoy mucho más tranquila desde que sé que mi centro de trabajo equipa a los niños españoles con los cuadernos que no me quieren dar a mí. Eso es poder. Conseguir que si quieres, el Jefe de Letrina de turno tenga que escribirse los informes en el brazo.

Tengo que decir que ahora nos llevamos bien. Menos mal. Pero todavía no he logrado un sacapuntas. Es que los niños están muy desprovistos. Volveré a pedirlo el mes que viene a ver si el stock de material se ha recuperado algo.

No es que algún día las secretarias dominen el mundo. Es que lo hacen ya, al menos en mi trabajo. Si lo sé, me quedo de cuchitrilera...

2 comentarios:

cerillas Garibaldi dijo...

Nunca lo hubiera explicado tan bien; los reinos de piltrafa de los piltrafas que hacen que trabajan. En fin... que vas cogiendo el pulso a la ofi a las mil maravillas.

Mi auxi favo fue una que se pintaba los labios en el reflejo de la grapadora El Casco, era genial....

Bss, B

kika... dijo...

jajajajajaaj me lo estoy imaginando, cinematográfico momento...

... le tengo cogido el pulso a la ofi, sí... y ya te contaré más lecciones de mi querida Mary-Bye...

besos!
K