26 septiembre, 2009

Cuando no había móviles

El primer móvil que se compró en mi casa fue el de la hermaníssima. Era enorme, de color azul y creo que se lo trajeron los Reyes. A mí nunca se me había ocurrido que podía querer tener algo así, la hermaníssima es más pequeña que yo y su legendaria insistencia le ganó ese premio que yo no veía como tal. Y eso que cuando se lo regaló, poca gente tenía selular. Era algo muy guay, tener teléfono, no como ahora.

Un par de años más tarde, me compré el mío. Mantengo el número desde entonces y aunque no soy muy dependiente del aparato - a veces me lo dejo en casa a propósito y casi nunca oigo el tono de llamada cuando estoy en la calle - apenas recuerdo el tiempo en el que había que usar las cabinas para hablar desde la calle, por mucho que atesore con mucho cuidado una ficha de teléfono de las que se usaban antes, cuando no admitían monedas.

Cuando los móviles no existían, mi mundo era muy diferente. Las palabras de amor tenía que escribirlas en tarjetas que dejaba presuntamente olvidadas en los pasillos del colegio. Los reproches rara vez quedaban por escrito porque no había mensajes. Había que decirlos. Como las frases tontas que ahora escribo en SMS.

Hay personas que son verdaderos virtuosos de la comunicación móvil. El Paseante, por ejemplo, puede declarar amor eterno en ciento veinte caracteres. El Lobo te coloca un haiku por la misma vía en cualquier momento. El Chinito es el rey de las llamadas con chiste, Lady K sabe levantar el ánimo de cualquiera con dos frases, Tamara Putin me llama desde la Plaza Roja... y así hasta el infinito.

Sin el móvil, yo decía más cosas a la cara. El mundo, me parece, decía más cosas a la cara.

Pero a veces me gusta poder volver a leer aquellas frases que antes desaparecían. Las frases perdidas de cuando no había móviles.

3 comentarios:

Lara dijo...

yo echo de menos mucho esa época

llegar a casa y preguntar: me ha llamado alguien???

cerillas Garibaldi dijo...

¿Y la de oportunidades perdidas porque no había móviles? Ahora hay menos margen a la casualidad y no sé si es bueno o es malo.

Bss, B

kika... dijo...

lara, bob...

tengo una cierta ambivalencia hacia el aparatito en cuestión: a veces me encanta no perderme nada, otras detesto verme unida al mundo por ese forzoso cordón umbilical...

besos a los dos!
K