19 julio, 2009

Eternos retornos

No debo releerme. Ni siquiera por motivos terapéuticos. Siempre me pasa igual, termino descubriendo que lo que escribí antes era mucho mejor que lo que escribo ahora. O peor aún, que antes era más feliz y no me dolía la tripa. Es que desde que me duele, estoy que muerdo, es verdad.

Claro que este argumento es tramposo como todos porque también sirve en sentido inverso. Pero solamente cuando me ocurra como ayer. Cuando sea capaz de leerme y decidir robarme mis propias palabras para terminar escribiendo mejor.

Esos temidos (y eternos) retornos terminan sirviendo para algo. Ahora es cuando pongo cara de sorprendida, cojo la edición príncipe de Canciones por encargo, el boli verde y empiezo a corregir.

No cabe ni una uva de arrepentimiento. Será que comienzo a levantar cabeza. O que empiezo a convencerme de que las palabras son vitaminas y la vida es muy corta, como dice la DiFranco...


5 comentarios:

trovador errante dijo...

Ánimos Kika!

Escribimos según vivimos y viceversa. Déjame utilizar otro siempre, para vivir y escribir.

No compares cuando releas, aunque sea difícil, éramos otros antes y seremos otros después, y eso es señal que crecemos y que estamos vivos.

Un abrazo rubia

kika... dijo...

No tengo la higiene mental que supondría releer y no comparar, por eso evito releerme en la medida de lo posible. Pero ahora he aprendido que no hay que flargelarse, y de eso habla precisamente este post. De que te puedes volver a leer y encontrar cosas buenas que hacen coger el boli rojo, mejorar y replantearte asuntos. Literarios, claro.

Releer la vida, si no es para bien, no es buena idea.

besos
K

giovanni dijo...

Leer, releer, para bien por supuesto, y para aprender (de ti misma). Y ver, rever, ver semejanzas, ver diferencias. Nos parecemos siempre en algo, por ejemplo la imagen de tu cortina en la foto del perfíl parece bastante a la mía recién creada en un vídeo que puse hoy en mi blog.

Un saludo desde Amsterdam

NáN dijo...

A mi amiga María, su hijo de seis años le preguntó la semana pasada que dónde íbamos cuando nos moríamos.

Le contestó que a ninguna parte, que nacemos por azar y cuando morimos desaparecemos. Que hay que aprovechar la vida que tenemos.

"¡Pues qué corta!", contestó el chaval. Todo un filósofo.

kika... dijo...

Nán... tiene toda la razón, el chiquillo. He hecho una lista con todas las cosas que quiero hacer (sobre todo con todas las cosas que quiero aprender), y me harían falta varias vidas. Lo que pasa es que las voy a intentar todas, no quiero elegir...

giovanni... ahora me paso a echar un vistazo, nunca sabemos qué sorpresas nos puede deparar esta blogosfera...

besos
y magia
K