21 julio, 2009

Alucinaciones olfativas

El cuerpo humano, por mucho que se conozca, es una maquinaria extraña. De puro precisa, hace cosas muy raras.

Llevo varias semanas despertándome algo desorientada. Con esa sensación de no saber exactamente dónde estoy. Veinte segundos después, me doy cuenta de que no me he movido de aquí, que me estoy en mi cama de siempre, en la habitación conocida, en casa.

Me levanto y un olor familiar me llega a la nariz.

No huele a nada, o mejor, huele a todo, porque de pronto siento que estoy en mi habitación en Inglaterra, allí donde pasé todos los veranos durante muchos años. Donde conocí a Lady K y me pasó de todo.

No puedo evitarlo. El olor es suficiente para emocionarme. Mi cuerpo quiere estar en otra parte. Si no, no me explico esta alucinación olfativa. Qué narices. Ni siquiera sé si existen las alucinaciones de ese tipo.

Y ahí, con los ojos llenos de lágrimas, pienso que no sé si quiero sacar al cuerpo de su confusión y dejarle sin viajar, aunque sea de esta manera parcial y retorcida.

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