25 mayo, 2009

Como Aznalcóllar

Hay una frase que yo uso mucho y es algo así como estoy como las minas de Aznalcóllar. A renglón seguido, suelo decir y ¿sabéis cómo estaba Aznalcóllar? Pues a punto de desbordarse. Es una frasecita que precisa de la memoria histórica del oyente, que sólo la comprende si recuerda lo que ocurrió la madrugada del 25 de abril de 1998, cuando una balsa de residuos se rompió y vertió ocho hectómetros cúbicos de limo ácido. La balsa pertenecía a la empresa sueca Boliden-Apirsa, que explotaba las minas.

Siempre me pareció triste y poético que los residuos de bajo pH - es decir, ácidos - bajaran a toda velocidad por un río llamado precisamente río Agrio.

Por eso es tan buena la metáfora de Aznalcóllar. Por eso se aplica tan bien a días como hoy, en los que todo son llamadas, en los que al resto del mundo le parece que mi tiempo es eterno, y quizá a mí me lo parece porque no apago el móvil, porque lo cojo resignada, porque respondo cuarenta veces a los mismos emails, a las mismas preguntas, a las mismas solicitudes de ayuda.

Y yo, llena de barro ácido e hirviente, necesito silencio, reclamo tiempo, corro mi propia contrarreloj en la que lo importante ya ha dejado de ser llegar la primera y lo importante es llegar. Pero corro el riesgo de no llegar. Y que dé igual.

Estoy como Aznalcóllar. Una leve presión hará que se desborde la balsa y los residuos bajen por mi propio río Agrio. Se fastidiará todo y no habré podido controlarlo. Ni controlarme.

Normalmente digo que estoy como Aznalcóllar, me río y se me pasa todo. Hoy no.

Mientras, la asfixia, la ansiedad que se me come por dentro, mis niveles de acidez, y tirones por todas partes. Hay días en los que soy como Aznalcóllar. Seguro que mañana se me pasa, pero mientras pienso en que soy testigo de mis nimiedades y de todo lo que es importante para los demás.

No tengo tiempo, ni siquiera para perderlo. Pero no importa.

Siempre y cuando no haya vertidos.

O que si los hay, sea lejos de la civilización.


Otra casualidad de las mías, según tú. Eso de mencionar Aznalcóllar casi como una jaculatoria, cuando tú estuviste allí, jugándote el tipo para rodar.

Siempre nos quedará Aznalcóllar, supongo.

Mierda de recuerdo ácido.


Lo peor es que creo que sólo tú podrías impedir el desbordamiento. Aunque estoy segura de que rechazarías la responsabilidad de hacerlo.

5 comentarios:

jacoleon dijo...

¡Un beso!

Y una sonrisa, por favor.

kika... dijo...

si yo siempre tengo sonrisa!

(y me estoy dando cuenta de que a veces ese es precisamente el problema)

besos mil,
K

Anónimo dijo...

no me hace gracia que uses una trajedia de esa magnitud para un pueblo como metafora un aznalcollero

kika... dijo...

Es, en todo caso, metáfora de una tragedia personal. Conozco la zona, conozco bien el caso y no pretendía ofensa alguna, así que si la he causado, mis disculpas.

Un saludo,
K

Gabriel bernal dijo...

se aceptan las disculpas pero comprendeme estuve en la zona trabajando cuando paso el desastre justo de noche en mi relevo no saviamos lo que paso un ruido espelusnante y cuando vimos la catastrofe nadie dijo nada sin palabras nos quedamos era el principio de una muerte anunciada para el pueblo y la mineria