03 mayo, 2009

Automedicación




Al final caí.


En el recuerdo estúpido, en la poesía mal escrita, en el resfriado.


Sobre todo en el resfriado.


En ese que me sube cosquilleando primero la garganta, para después pasar a invadirme la nariz y los oídos. Siempre me pican los oídos cuando me constipo. Primero me pican y después me duelen, me zumban, me reclaman. Gritan para que recuerde que a ellos también les pica, les duele, les zumba y encima nadie les reclama. A mí por lo menos me van a reclamar mañana, porque no puedo faltar a trabajar. Si fuera una cívica japonesita me pondría una mascarilla para no contagiar a mis compañeros con los que tengo que reunirme mañana a primera hora. Pero no sé si en el fondo quiero que enfermen para que ellos que pueden, los que puedan, tengan una buena excusa para quedarse en la cama y no ir a trabajar.


Quizá el recuerdo no fuera tan estúpido, ni los poemas estuvieran tan mal.


Pero fue aparecer tú en la conversación y me fui a vivir a otra parte.


4 comentarios:

cerillas Garibaldi dijo...

Mi prescripción:

http://www.imeem.com/people/aMPIbp3/music/CS46pfyM/dogs-die-in-hot-cars-to-get-love-returned/

Te curará y no pararás de bailar.

Un beso, Bob

cerillas Garibaldi dijo...

Perdón: Doc Bob

NáN dijo...

Si no me van a pasar una gripe de una semana en cama, si solo me van a transmitir molestias, odio a los compañeros que me contagian.

Creo que solo hay que ir a trabajar cuando se es una fábrica de virus espantosos. Y hay que quedarse en casa cuando solo se moquea.

kika... dijo...

doc bob... muchas gracias... hoy me he acordado de ti por un comentario que me hiciste... a ver si mañana encuentro el post y te lo cuento...

nán... tienes toda la razón! yo soy fábrica de virus espantosos, pero no se lo he pegado a nadie. Creo.

besos y magia,
K