03 abril, 2009

El arte de la performance

Esta semana he estado haciendo un curso sobre gestión cultural que me ha tenido muy liada. Uno de sus momentos álgidos fue la charla sobre artes escénicas, en la que se disparó la polémica cuando lo primero que nos mostraron fueron las performances de La Ribot. Me imaginaba las caras de mis compis cuando nos enseñaran lo que hace Angélica Liddell…


El caso es que esto de las performances no me sorprendió nada, porque con alguien como mi hermana en casa…


La hermaníssima siempre ha sido una artista visionaria. Desde que empezó a bailar muy jovencita su profesora supo que tenía futuro. Lo que no sabíamos ninguno era que ella sola fue capaz de inaugurar un nuevo género escénico: la performance folklórica.


Creo que esto pasó cuando tenía unos seis años. Para ubicaros, os diré que era el festival de fin de curso de su escuela de danza, el momento más esperado en los ocho meses anteriores. Un salón de actos enorme y repleto de gente.


El evento comenzaba con la clase de la hermaníssima bailando un bello pasodoble. Para eso tenían que llevar una peineta roja de plástico con un trozo de tul a modo de mantilla y un abanico blanco, además del maillot y la falda roja de volantes reglamentaria en toda clase de baile español que se precie.


Habría que ver a las jóvenes bailarinas: una sonreía con todos los dientes pintados de carmín, la otra llevaba torcida la peina-mantilla como si se la hubieran colocado a traición y una tercera ponía carita de sufrimiento a causa de las treinta y cinco horquillas clavadas en el cuero cabelludo para sujetarle el moño.


La hermaníssima, sin embargo, estaba divina. Tiesecita como una flor recién cortada, con una envidiable posición de brazos y llevando la peineta como una reina. Bailó su pasodoble, y cuando todo terminó, volvió a su posición.


Y ahí estuvo a punto de desatarse la tragedia.


De pronto, comenzó la música de la segunda parte de la actuación. Concierto de castañuelas. Ya no recuerdo si era La Revoltosa o el Bolero de Ravel, aunque creo que se trataba de la primera de esas piezas. Cada una de las compañeras de la hermaníssima cogió sus castañuelas, previamente escondidas bajo el telón del fondo del escenario y se colocó en forma de media luna. Mi hermana hizo lo propio y se dispuso a empezar.


Como una reina, tocaba la puñetera. Hasta que, de repente, veo a mi madre ponerse lívida y salir corriendo. La hermaníssima se estaba marcando una mítica performance porque no tenía castañuelas. Se le había olvidado dejarlas en el lugar convenido antes de empezar, pero estaba tan tranquila haciendo que las tenía. Como una experta tocadora de aire, seguía adelante con una sonrisa plastificada y una cara de convencimiento que para sí la quisieran los políticos cuando tienen que dar una mala noticia.


Lo que pasaba era que la última parte del concierto era el solo de mi hermana, y como el aire no suena, mi madre se fue a toda velocidad a los camerinos y consiguió tirarle discretamente las castañuelas por un lado del escenario. Mi hermana, con una sangre fría que daba pasmo – no en vano digo siempre que ella tiene eso que se llama presencia de ánimo – se acercó los palillos con el tacón de flamenco, se los puso y llegó a tiempo a su solo.


Nadie – esto lo sé porque lo comentamos después y no nos creían – se dio cuenta.


Por eso cuando ahora veo a los grandes del género de la performance, sé perfectamente que todos palidecerían al lado de la hermaníssima. Con lo pequeña que era…y lo que fue capaz de hacer.


Genio y figura, la hermaníssima.


2 comentarios:

Jaco dijo...

Me declaro oficialmente fan de la hermaníssima.
El otro día fui al cine a ver la de Almodóvar y no pude evitar pensar que la mayoría de los que estábamos allí eramos culturetas de mierda, con la consiguiente carcajada.

Supongo que sí que es genio y figura.

Un beso.

kika... dijo...

Jaco... ella estaría encantada de tener un fan como tú. Y, hablando de su frase "culturetas de mierda", siempre me acuerdo que cuando yo salía de casa para ir al taller literario, su frase siempre era la misma:
- ¿Qué pasa, Kika? ¿Ya te has vestido de cultureta de mierda? ¿Es que te vas al CUENTACUENTOS?

(Habráse visto qué poco respeto... pero es que hay que ser la hermaníssima para hacer eso y quedar bien...)

besos y magia,
K