12 marzo, 2009

Soy una guiri

El otro día la hermaníssima decía que desde que vive en su nuevo exilio, donde llueve mucho, corre el riesgo de convertirse en una de esas guiris que se ponen en tirantes en cuanto sale el sol.


Me lo creo.


Ayer salí de trabajar y hacía sol. Mucho. Yo casi siempre huyo de la luz solar directa porque me quemo con mirarme y como ya se me ha pelado la nariz un millón de veces (sin exagerar) decidí repetirme cuan mantra eso de que el sol causa envejecimiento prematuro. Pero ayer salí con ganas de luz, con sed de sol, y aunque lo suyo habría sido venirme a casa a trabajar – tengo cuatro poemas en proceso, el blog sin actualizar como es debido, un trabajo de investigación encallado en la fase de documentación – he decidido irme un ratito de tiendas, aunque fuera a buscar algo tan rollo como una combinación, que es una palabra que me encanta aunque sea la pieza de ropa más aburrida del universo.


El Chinito ha decidido acompañarme un rato, aunque él se iba a casa a comer, así que nos hemos ido los dos aprovechando que estábamos en el centro a dar un paseíto agradable desde la Carrera de San Jerónimo hasta la Puerta del Sol. Todo estaba precioso, brillante, casi primaveral.


A tomar por saco el fotoenvejecimiento y la alergia, hablando pronto y mal.


Le conté al Chinito que vuelvo a estar contenta. He tomado alguna decisión importante que me está llevando a ponerme de nuevo al frente de mi vida. Ha estado bien dejarme llevar por las circunstancias un ratito, pero quiero volver al primer plano. Además, vivo lo que llamo los días de Kika (porque si fueran los días de gloria serían de otra jejeje), una especie de bucle alcista que tengo que saber vivir con ganas.


Debajo del traje superelegante (merecedor de la actividad protocolaria de la que veníamos el Chinito y yo) que me había puesto, llevaba camiseta de tirantes. Me senté en un banco de la calle a comerme un falafel mientras miraba a todas las personas que paseaban por la calle Mayor comiendo helados.


Qué ganas de helado. Mi abuela diría que así se cogen los resfriados. Pero a mí me gustan hasta en invierno y no conozco a nadie que se haya constipado por comerse uno.


En ese momento, me comí el sol por cada poro y me vino a la cabeza esta canción…




… qué pronto aprendí a volar

a hacerme una sombra hoy

que ya sé que el suelo está cerca del cielo

hay que diferenciar…

Desquicio de sol, Diego Cantero


Supongo que en el fondo, todos tenemos dentro una guiri que en cuanto sale el sol, se pone en tirantes.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué delicia verte contenta de nuevo. No sabes cuánto me alegro.

Respecto al helado, me recuerda una vez que dijiste que para ti, libertad es comerte un helado cuando quieres.

Besos y lametones.

Queens dijo...

Yo tengo pensado hacer de guiri al sol este finde, que necesito una racioncita de rayitos y ya de paso de paseo.
Besitos
Q

NáN dijo...

Estamos todos excitadísimos de contentos con el sol. Ha bastado un invierno de más de 5 meses para ¡que nos hayamos vuelto ingleses!

Dame un abrazo, anda. Para rematar.

kika... dijo...

lobo... a veces hace falta que seas mi memoria, y te lo agradezco. La libertad era eso. Es cierto. Y vuelveeeeee...

queens... me voy a lavar el pelo y luego hablamos para hacer de guiris of the life...

NáN... pues un abrazo de los míos! De esos que te tengo preparados siempre!

Yupiiiii!

besos y magia,
K