28 marzo, 2009

A peor

Me levanto y no queda té rojo del que me gusta. Sólo hay de ese que compré por equivocación y sabe a barro. Necesito un té, me duelen los pies de estar mucho tiempo de pie ayer (ya contaré la gloriosa noche bohemia que vivimos Yeimi y yo) y no pienso. La ducha es hoy un constante peligro de ahogamiento: metería la cabeza debajo si no fuera porque me mojo el pelo y ya voy tarde, tan tarde que no me va a quedar más remedio que dar millones de vueltas para aparcar alrededor del trabajo.


Obtusa, ácida, maltrecha, me doy cuenta de que estoy cabreada. Mal asunto empezar el día así, porque a partir de ese momento sólo puede ir de una manera: a peor. Análisis rápido de los motivos del enfado: acumulación. Cuando las cosas se dan por acumulación hay que tener cuidado: el estallido llega por cualquier parte. Exactamente cuando menos te lo esperas.


Llega un momento en el que, con motivos o sin ellos, comienzas a comprender conductas humanas que jamás realizarías. Como comprarte un kalashnikov, por ejemplo. Me imaginaba mi foto en carteles donde pusiera Wanted dead or alive. Encima, pongo la radio y suena esta canción (qué buenos los clásicos):




La vida me pone la guerra dentro, y yo instintivamente busco la paz: el Mejor Alcalde, el Chinito, Lady K, el Malo de Orcasitas, el Americano (aunque tenga que explicarle que lo de la cobertura de la fea no tiene nada que ver con el aspecto físico) y… Paco Bello. Menudo concierto dio ayer: decía que estaba asténico, pero lo que estaba era eufórico y emocionante. Menos mal.


Hay días en los que cada minuto es la gota que colma el vaso. Está bien darse cuenta de que no es el mundo, que soy yo.


Pero a veces el mundo tampoco ayuda.


2 comentarios:

Amfortas dijo...

Si fuera alcalde de algún lugar,sería donde hubiera ciudadanos como tú.... KISSES. Gracias

kika... dijo...

gracias a ti... eres mi alcalde favorito...

besos desde la paz (más o menos)
K