04 marzo, 2009

Novelista

Hubo un momento, sólo un momento, en el que deseó cambiarse por la otra ella.


Llevar aquello dentro.


Y que la otra ella no pudiera.


Al final, le dio miedo desear demasiado. Se sintió contingente, transitoria, casi caducada, al borde de un doméstico precipicio.


De pronto, todos lo escrito le pareció malo, insuficiente. No fue por su incapacidad de emular otras grandes novelas, sino por temor a no saber reflejar la realidad, a estirar tanto sus habilidades para al final darse cuenta de que la vida es una especie de elástico obstinado en darse de sí.


Una goma que en cuanto comienza a alejarse, empieza a querer volver.




5 comentarios:

Microalgo dijo...

Y todo es ponerse.

cerillas Garibaldi dijo...

Pues si tú tienes que estirarte, yo tendría que ser Reed Richards (Mr. Fantástico).

No te pliegues sobre ti misma, plis.

Besos, Bob

Nares Montero dijo...

Propuesta: y si somos muelles? Así cuanto más los apretemos más impulso!

Bs.

N.

Anónimo dijo...

No. Dime que no te cambiarías. Dime que nunca te cambiarías para dejar de ser tú el resto de tu vida. Y menos para ser eso.

Sé que estás cansada. Pero no te rindas. Not not. Not ever.

chou kiete
tamashii ware ni
kaeri keri

The butterfly having disappeared,
My spirit
Came back to me.

kika... dijo...

señor Microalgo... yo cuando me pongo, me pongo (ja ja ja)...

no me pliego, no me pliego, Bob...

Nares... pues muelles, muelles seremos...

Anónimo... esto es un "basado en (des)hechos reales", vamos, que no es, aunque podría ser...

besos y magia a todos!
K