21 marzo, 2009

Los abrazos rotos

Miss Sarajevo me dijo que la nueva de Almodóvar era buena.

La hermaníssima ha vuelto desde su exilio para pasar aquí el puente y a mi madre se le ha ocurrido lo del cine. Aceptamos cine como actividad familiar. Yo he ido a regañadientes por dos motivos. Primero, porque no me gusta mucho el cine: hacía una tarde espléndida y me apetecía mucho más caminar por la calle y que me diera un poco el aire. La segunda es que tengo insuficiencia de convergencia y mirar a la pantalla me hace gracia los diez primeros minutos. Después de ese lapso de tiempo, me da dolor de cabeza.

Encima, la hermaníssima dice que somos unas culturetas de mierda. Es una de sus expresiones favoritas desde que se la leyó a uno de los Furbys de viruete.com (ver el final de Horror en el hipermercado o El bote de Colón). Lo de aplicarnos tan lindo apelativo tenía su explicación: ella considera que ir a ver una película de la que no conocíamos ni el argumento es un ejercicio de culturetismo sin parangón.


A los diez minutos de película, mi cerebro había desconectado. Él solito, sin preguntar. No sé si había algo en el guión o qué, pero he empezado a recordar mi proyecto de novela. Se llama (o se llamaba, no sé) Veintidós postales. Quizá por lo almodovariano de su línea argumental, a pesar de que en el presunto engendro literario no hay nada del director manchego, sino solamente un trocito de mi vida.


Tengo un cuaderno nuevo que me regaló el Malo de Orcasitas y me dan ganas de empezar de nuevo a escribir la novela. Ya veis, una novela yo. Si hay muchos días en los que me planteo si no la estaré fastidiando con estos posts… La duda existencial en la propia calidad literaria me lleva siempre a posponer continuar con el proyecto porque me da miedo.


Esta noche me han caído encima todos los miedos, que esperaban a la entrada del cine.


Miedo a acunar bebés metafóricos y reales.


Miedo a comenzar a olvidar todo lo que originó aquellas Veintidós postales.


Miedo a ser incapaz de plasmar lo que ocurrió y hacer una enorme injusticia con los hechos.


Miedo a quedarme muy corta por no saber escribir lo suficientemente bien.


Miedo a que lo que fue, al ser escrito, se transforme en otra cosa, muy probablemente mucho peor.


De pronto, las fotos recompuestas de Los abrazos rotos me han hecho llorar. No era de pena, era de dolor. Sobre todo lloraba de miedo a unas galeradas que probablemente nunca sea capaz de escribir, porque me pasaré la vida aplazando el proyecto hasta que se me borre todo, si es que alguna vez ocurre.


Al final sólo quedará Lady K, la única persona que leyó el primer capítulo.


Y las Veintidós postales nunca serán una novela corta, nunca serán la base de un guión.


Jamás serán una película.



No sé si la nueva de Almodóvar es buena.


No me acuerdo de un solo fotograma.



Jamás serán una película.



Y entonces es cuando lloro y digo entre hipidos que no quería ir porque a mí, en realidad, no me gusta el cine.



[ahora hay algo que se me rebela dentro y me dice que escriba]

6 comentarios:

cerillas Garibaldi dijo...

Creo que lo mejor de Los Abrazos Rotos será este post, y no porque la haya visto, cosa que no pienso, sino porque desde hace tiempo los sentimientos que plasma Almodóvar en la pantalla son siempre superficiales o artificiales o llámalos como quieras, pero los tuyos, los que afloran con las Veintidós Postales, con tus hipidos, son siempre tan reales, tan maravillosos a pesar de la tristeza, que no podía dejar sin contestar esta preciosa entrada, una de las buenas, una de las mejores, como todas las que beben de las Veintidós Postales.

Escribo poco, pero lo suficiente para enviarte una canción oculta en lo más oscuro de mi cofre, de las que sirvieron para atraer más oro, de las que cimentaron todo el pop que disfruto, pero claro, estaban B. Ferry, B. Eno, Phil Manzanera y Andy Mackay entre otros, eran los Roxy más puros, como tus sentimientos, como tú:

http://www.youtube.com/watch?v=USJq2RwnlyU&feature=related

Si sacas las Veintidós Postales te dolerá, y será duro, pero a algunos nos vas a regalar mucha vida, de la que duele y de la que mancha y nos harás muy felices.

Necesito pasear por el Bulevar y abrazarte, estoy demasiado enganchado. Muchos besos, Bob.

kika... dijo...

Algo tienen esas Veintidós Postales, ¿verdad, Bob? Es verdad que parezco afinarme con el mundo cada vez que comienzo a escribir sobre ellas, o a escribirlas...

Cuando le cuento a alguien (a muy poca gente, la verdad, pero alguien hay a quien contárselo) que me estoy planteando escribir una novela a partir de las 22 postales que marcaron 22 días, siempre me preguntan... ¿de qué va, Kika?

Y yo les digo: de la vida.

Simplemente.

Como tú, vida pura.

Me alegro de volver a verte por el Bulevar. Siempre me gusta pasear con alguien, pero precisamente después de escribir este texto, más que gustarme, me hacía falta.

besos y magia,
K

Marian dijo...

La vi el viernes y lloré con las fotos recompuestas... aunque todavía no sé si me gustó mucho o nada la película.


Escribe, Kika, escribe. No tengas miedo.

Mil besos

kika... dijo...

me pasó lo mismo:

lloramos en el mismo punto y tampoco sé si me ha gustado...

besos quitándome el miedo!
K

ETDN dijo...

Escribe, sin miedo. Que los miedos se ahuyentan escribiendo. Aunque dé miedo escribir.

Ya sabes: no es valiente quien no tiene miedo, sino quien tiene miedo y lo supera.

Y nosotras somos de la estirpe de las valientes. Porque sólo los valientes aman la vida y hasta sus propios miedos.

Inspiradora, Kika.

Besos mágicos y primaverales...

kika... dijo...

gracias, etdn... tú que tienes la primavera dentro...

(más besos)
K