18 marzo, 2009

La travesía del desierto





… el epicentro no está,

no está en los cuerpos que frecuento…

Epicentro, Paco Cifuentes



Ya sé que tengo estas Realidades Paralelas sin actualizar y hechas un erial intelectual. Con lo que soy yo para mantener esta casita virtual. Claro que si pudierais ver mi habitación, os daba algo. Tiene su explicación: estoy haciendo un curso de negociación y resolución de conflictos que me tiene horas liada. Si a eso se añade que parece que mis amigos y compañeros les dio por nacer esta semana del año en concreto, estoy que no puedo más. Cualquier estancia en casa no ha durado más de dos horas seguidas si exceptúo cuando vengo a dormir, y ni siquiera duermo demasiado porque salgo a tomar una caña y me lío.


A cambio, me han ocurrido algunas cosas interesantes que iré escribiendo enseguida porque gracias a la autoridad competente el curso de marras termina hoy, aunque no sé yo si estaré más libre la semana que viene. Lo que espero es que se ralentice un poco el ritmo de eventos sociales porque desde que no me puedo levantar a la hora que quiero porque ya no oposito, estoy hecha puré.


Anoche viví una velada absolutamente surrealista, que merece que esté tecleando casi febrilmente – no sé si febrilmente de concentrada o de que tengo fiebre de verdad – a estas horas de la mañana. Bueno, anoche todo me parecía digno de una película neorrealista italiana y ahora ya no sé qué pensar.


Conocí al Paradito porque es amigo de mi amigo el Americano. Me pareció interesante, el chico. Eso, por mucho que pueda parecer lo contrario, era algo poco habitual en mi historia reciente, más que nada porque el Paseante monopolizaba todos mis pensamientos. Estaba en mode echemos-de-menos rozando el mode me-regodeo-en-mi-propia-mierda, y en esa situación es una proeza el mero hecho de darte cuenta de lo que pasa a tu alrededor. Cruzamos algún mail sin ninguna trascendencia y nos encontrábamos por casualidad en la calle o en algún acontecimiento social de estos que frecuento ahora.


El mundo kikil sufrió una importante devastación con el Paseante. Veo la frase escrita así y no sé qué pensar. Aunque él no contara en su arsenal con bombas de napalm, me escaldó por dentro y todavía no sé si fue él o las circunstancias. Probablemente fueron las dos cosas. La vida decidió darme un baño de magia y al minuto siguiente, una ducha de salfuman. Así que una lleva sus heridas con más o menos dignidad y trata de seguir adelante.


En este estado de cosas, que el Paradito me suscitara un cierto interés era una puñetera proeza. Directamente. Así que decidí que iba a mirarle por dentro prometiéndome a mí misma que en cuanto detectara el más mínimo indicio de cosas raras no seguiría investigando. Que me estoy volviendo adicta a los puzzles desperdigados por las mesas y tampoco es cuestión de eso.


Las labores de despliegue personal e investigación de los hechos (me está aprovechando el cursito, ¿verdad?) enseguida comenzaron a resultar muy complicadas. El Paradito no mira demasiado a los ojos, o no me mira a mí. Dudo porque no he logrado establecer aún un patrón de movimiento ocular ni tampoco creo que lo consiga, así que diré que no me mira a mí porque vete tú a saber si mira a otras personas. Sin contacto visual, la lectura de almas es casi imposible. Además, me resistía a mirarlo como si fuera un bichito de laboratorio. Tanta frialdad, por mucho que yo tenga heridas, no tiene nada que ver conmigo.


Logré extraer algo de información, que no me sirve demasiado porque yo me guío por vibraciones, sentimientos y filins varios. Tiene una vena artística, el Paradito. Pero tiene que ver con la imagen (lagarto, lagarto). Y encima coge el tío y se autodefine como paradito (de ahí el nombre).


Fácil no va a ser. ¿Me retiro? ¿Paso del tema?


Algo me dice que lo que tengo que hacer es dejarme de cosas complicadas. Lo que pasa es que siempre he pensado que las cosas no son complicadas sino que somos nosotros los que las hacemos difíciles.


O el tipo es un lacónico profesional – tiene un indudable aire decadente que me gusta – o todo es pose.


¿Acepto el reto y sigo investigando? Pues anda que vaya reto…


El caso es que la última que escribió un correo fui yo, y él no contestó. Mi dignidad femenina herida en lo más profundo (risita).


Ayer era el cumple del Americano, yo iba a ir y sabía perfectamente que me encontraría con el Paradito.


Comenzó en ese momento la travesía del desierto. El surrealismo peliculero kikil.


Ahora falta saber si llegué a alguna parte. Al epicentro de la cuestión.


Lo que pasa es que tendré que contarlo mañana porque llego tarde al curso.


Trabajar, menuda maldición bíblica.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

claro que síííííí, siempre mirando al frente, al horizonte!
como tú misma me dijiste una vez "para atrás...ni para coger impulso!"
besos y pun...

Anónimo dijo...

Nos alegramos de tenerte otra vez con nosotros.

Quizá la travesía del desierto es dura, pero es allí donde se encuentran las lámparas maravillosas y los genios y la magia de las mil y una noches.

No te rindas.

trovador errante dijo...

Volar sin pensar por el desierto para no quemarse con la arena, ese es el secreto.

Rubia, nos vemos en el Galileo prontico.

Besos que huelen a arena

cerillas Garibaldi dijo...

No puedo de dejar de regalarte canciones, para la travesía:

http://www.youtube.com/watch?v=Ll_BCJaaNCE&feature=related

Una noche en el canal.... ¡siempre soñando!

Besos, Bob

kika... dijo...

anónimo (1)... ¡claro! ¡¡¡¡¡¡¡para atrás, para nada!!!!!!!! ¡¡¡¡¡me alegro de leerte!!!!!

anónimo (2)... ¿rendirme? imposible. ya lo sabes...

trovador... nos vemos entonces...

bob... adoro tus canciones... sigue regalándomelas, por favor...

besos y magia,
K