02 marzo, 2009

La Bella Montero

La Bella Montero se llama Nares y tiene un baúl con el que hace honor a su sobrenombre. Es como una de esas actrices de los años veinte que tenían grandes arcones empapelados por dentro como si fueran pequeños apartamentos de cuero por fuera.


Ella dice que sé contar bien las cosas, pero hoy no puedo contar qué pasó ayer.


La Bella Montero abre el baúl y comienza a sacar cosas. Coloca primero en el aire el olor a hierbabuena, mar y verano. Es importante la precisión de los olores. Después de todo, se instalan en la parte más primaria del cerebro, el pedacito animal que a todos nos queda en algún rincón. Después, la música y las mariposas. Como por ensalmo, salen del arca su flauta y su guitarra, acompañadas por miles de gargantas que gritan nosotros y que de pronto tienen ganas de cantar.


Las mariposas ya saben dónde detenerse. Sobrevuelan los pies de micro y los atriles, caracolean, juegan con las pompas de jabón y se posan sobre las poetas de los balcones. Apartan la bruma con las alas, ponen caritas de pena, saben que hoy lo escrito importa. Reconocen el ritmo de cada palabra.


La Bella Montero tiene socia capitalista. Su madre. Tiene quien le compre flores. Tiene la familia elegida incluso antes de darse cuenta de que podía escogerla. Tiene un barrio y ganas de nacer donde le dé la gana; un príncipe que es miles de príncipes, una cámara que sigue cada brizna de hierba que ella echa a volar.


Saca los zapatos rojos y el vestido rojo aunque no sea rojo. Coloca el taburete en el centro del escenario, repasándose el carmín en el espejo. Una calada al cigarrillo, una copa de vino que llevarse dentro.


Sé cómo es La Bella Montero. La he visto con su baúl en miles de noches de café, entre el humo y el ruido de las luces obsoletas. Le he contado mi historia y ella, humana de carne y fuego, lloró. Quizá no de pena, aunque yo habría llorado también de saber que hay tan pocas certezas. Ni siquiera la felicidad es una de ellas. Pero nadie puede culparnos a la Bella y a mí por tratar de acercárnosla.


Ella abre el baúl por última vez. Después de tanto parto, un delirio sale volando. Agita sus alitas de pasta de papel, grita que no es un libro y la Montero le dice que se comporte, pero termina por dejarle hacer, porque ahora está en las manos de la gente y palpita palabras, despacio, palpita.


Simplemente palpita.


Que no es poco.



Anoche… Nares Montero presentó su libro Te llamaré delirio.


Tuve la fortuna de emocionarme con ella, sentir, llorar, vibrar hasta casi romperme. Le acompañaron Paula González a la flauta y Julián Bozzo con su voz y su guitarra. Como artista invitado estuvo nuestro hombre en La Habana, Julio Hernández.


Y La Bella Montero, que es generosa a más no poder, con la ayuda de una manada de silentes conspiradores que incluían a Lady K, Queens y mi propia madre (casi la sorprendida en el fondo fue ella), me dio la oportunidad de leer un poema mío bajo un cielo de estrellas de mar. Todo por sorpresa. Hay que estar hecha de una pasta especial para cogerme así de desprevenida, para prestarme su público. En la presentación de su libro.


Lo reconozco. Nunca había leído un poema mío por un micrófono. Jamás pensé hacerlo en esas circunstancias. Nunca calculé que encontrarme con Nares me haría creer en lo que hago.


En realidad la que cree es ella.


Y por eso, y por aquellas lágrimas en aquel café, y por el cielo de estrellas de mar, y por saber que elegir lo impuesto hace feliz, y por todos esos planes C, gracias.


Seguiremos pariendo en mitad de la calle, hermana poeta.


[lágrima]


(las fotos han sido cedidas graciosamente por la propia Nares)

10 comentarios:

acróbatas dijo...

La Bella Montero tiene que tener la emoción a flor de piel al leerte, a mi me has dejado con el vello vertical.
Ya os lo he dicho, pero me hubiese encantado estar allí.

Un beso.

kika... dijo...

gracias, eres un cielo.

fue un momento increíble.

un parto en el que el niño sale bonito y todo...

besos
y
magia,
K

Jose Luis Zúñiga dijo...

Yo estuve allí. Y vibré.
Y tenéis mucha suerte la "familia".
Y me gusta cómo sientes lo que escribes, o vicebersa.

kika... dijo...

muchas gracias, José Luis...

besos y magia,
K

Nares Montero dijo...

Eres como una enfermerita. Haces desaparecer las molestias y pones tiritas donde hace falta.
Vanessa no es complicado que yo tenga la emoción a flor de piel, pero efectivamente me hinché a llorar con esto...
Sensible que es una! JA!
Jose yo si que vibro con lo que tu escribes! Eres un crack y un maestro!
Muuuaaaccckkk!

Nares Montero dijo...

Ah! y la segunda foto la hizo el Sr. Zuñiga!

Jaco dijo...

Tuvo que ser una auténtica maravilla estar ahí.
La buena noticia es que hoy correos me ha dejado el aviso de que ya ha llegado el libro. Mañana me paso a primerísima hora a recogerlo y sentirlo palpitar en mis manos (me ha encantado eso Kika).

Un beso para las dos.

Jose Luis Zúñiga dijo...

Santo cielo! Vicebersa. Bueno, puede ser un buen palabro para un berso.

Marian dijo...

Jo... como me hubiera gustado estar con vosotras alli, cuanta magia...

un beso, preciosa

kika... dijo...

jaco... pues ya me contarás qué te parece... fue un momento realmente bonito, y el libro está editado con mucho cariño...

josé luis... a mí, ya puestos, me gusta más "biceverso"!!!!!!!

marian... pues nada, a Murcia que nos vamos para que lo veas... ji ji ji...

besitos
y magia,
K