09 febrero, 2009

siesta


a la hora de la siesta

el acto precede al reflejo



acércate

y atraviesa el círculo de la lámpara

el espacio que he ido dejando atrás

me explica

la forma de todos los vacíos posibles


orillé tu cama

después supliqué las sábanas

las lenguas vivas

bañada del barniz violento

de mañanas de nieve


a media tarde


anduvimos

tan cerca de descarrilar

desafinar

olvidado el ritmo o la letra

o la manera de desabrochar la ropa


no hay holgura

por ningún lado

ni un milímetro que permita

darle una tregua a mi pelo

un descanso a la materia muerta



me traiciono con facilidad

cuando sesteo en ti


ahora sólo queda

buscar algún sitio donde cenar pronto


y elogiarte la pereza



De Canciones por encargo.


3 comentarios:

ETDN dijo...

me traiciono con facilidad

cuando sesteo en ti




Me he quedado colgada/colgando de esa frase.

Recuento siestas de invierno y de verano, con cuerpos al lado que invitan a la pereza; siestas que se alargan hasta la hora de cenar, hasta la hora de no dormir...

...ay, Kika, estas canciones llegan tan dentro...

Magia de domingo nocturno para toda la semana.

(intrigada ya, ¿con qué nuevas profesiones nos sorprenderás?, me voy al Facebook, jajajja)

besote y achuchón (en el buen sentido...o en el malo, qué piensen mal, jijiji)

kika... dijo...

tenía yo en mente hacerle un poema a esas míticas siestas-fiesta, y tú las has definido tan bien (lo de la pereza, el cuerpo al lado, la hora de la cena que parece desdibujar la frontera entre lo que es "pronto" y lo que es "tarde"...)

así que muchas gracias! canciones por encargo sigue latiendo! (eso me hace muy feliz, hubo un momento en el que pensé que tendría que dejarlo)...

me voy al feisbuk a ponerme la profesión de hoy...

besitos y magia,
(me alegré mucho de verte, en cuanto pase esta semana con tres exámenes, quedamos a tomar café en un sitio de tartas de esos chuliguachidelavida)
K

cerillasGaribaldi dijo...

Sestear....os voy a enfriar un poco.

Como me voy haciendo mayor, cada día me gusta más que el sol de invierno atraviese el cristal de la ventana y caliente mientras descanso en una siesta sin hora. Y me gusta oír que trasteen por la casa mientras regalo el tiempo a la nada.

Muchos besos a las dos, Ignacio