08 febrero, 2009

Relleno de hermaníssima





La hermaníssima se ha ido a vivir fuera. La verdad es que me paso el día echándole de menos (supongo que lo mismo se echa de menos que se echa de más, parafraseando a Kiko Veneno). Las Realidades Paralelas de la hermaníssima también podrían llenar algún libro, aunque ella tiene más vocación de mujer fatal de novela negra. Sirva como muestra su mítica frase yo soy buena persona, pero también malvada y vengativa.


Antes de que se fuera, le pedí permiso para contar aquí algunas de sus historias, y me dijo que sí. Esta en concreto ocurrió la Nochevieja de…no me acuerdo exactamente, pero fue un 31 de diciembre.


Las Nocheviejas en mi casa son un tema muy serio. Todos nos arreglamos y partimos en expedición hacia el domicilio del agraciado con la organización de la cena y el posterior karaoke. Aquella noche, la hermaníssima llegaba tarde. Yo estaba maquillándome con el vestido de fiesta puesto, mi madre se encontraba preparada para salir e intentaba no exasperarse ante mi pretendida calma.


- ¿Dónde está tu hermaníssima? – cuando llega tarde, ella nunca es mi hija, sino tu hermaníssima – Realmente es muy tarde, Kika.


Yo le contesté lo de siempre:

- Mamá… ¿acaso soy yo la guardiana de mi hermana? – la referencia cuasibíblica siempre deja KO a mi progenitora…


De repente, oímos un portazo. La hermaníssima acababa de llegar. Con prisa, claro, pero a lo suyo. Me pregunta, tan tranquila:

- Kika, no encuentro mi sujetador sin tirantes por ninguna parte. No lo tendrás en tu armario, ¿verdad?


Lo saben hasta las piedras. Las prendas de ropa mal colocadas pueden llegar a permanecer siglos en el armario de la hermaníssima. Yo, que soy bastante desastre, suelo ser mucho más diligente a la hora de devolver lo que no es mío y aparece por error entre mis cosas. Pero no era cuestión de ponerse a discutir.


- No, creo que no lo tengo… espera que voy a asegurarme. – desaparezco detrás de las puertas de mi armario. – No, no, nada. No está.

- Déjame el tuyo, anda, que hay prisa.


Le alargué el instrumento-de-tortura-sujetador-sin-tirantes. Se fue tan contenta, pero volvió a los treinta segundos.

- Kika, esto me queda grande.


Tampoco era para tanto. Lo que pasa es que en materia de vestidos de noche, la hermaníssima sólo acepta la perfección. Así que agarró la caja de clínex de mi cuarto de baño y empezó a sacar material para rellenar la parte de la copa que le quedaba holgada.


Me gastó los pañuelos, la muy desgraciada. Pero le quedó divino. El vestido, como un guante, y el escote, de órdago a la grande. Perfecto.


Después de la cena y el karaoke, mi madre y yo la acercamos hasta la Estación de Chamartín, donde había quedado con sus amigas para ir a una fiesta que se celebraba en un hotel cercano.


Hacia las tres de la mañana, se desencadenó el desastre.


Una de sus amigas había cenado algo en muy mal estado. Se puso fatal, a vomitar y todo eso. Y no sé si habréis ido alguna vez a una macrofiesta nocheviejera, pero no es el sitio más apropiado donde sufrir un súbito ataque de gastroenteritis. En el baño más asqueroso del mundo, la hermaníssima (que siempre se ha distinguido por tener eso que se llama presencia de ánimo) le sujetaba el pelo a su amiga mientras echaba hasta la primera papilla.


- Hermaníssima – dijo la chica con cara de niña del exorcista – no hay papel.


Caras de terror entre la concurrencia.


Y mi hermana, ni corta ni perezosa, le dice:

- Tranquila, que eso lo arreglo yo.


Empezó a sacarse pañuelos de papel del escote hasta que consiguió que su amiga estuviera presentable de nuevo.


- ¡Pero si has hecho magia! ¿Cómo has podido hacer aparecer tantos clínex? Gracias, hermaníssima.


Cualquiera habría agradecido poder quitarse el rímel corrido con una cierta dignidad, dadas las circunstancias.


La hermaníssima, que no habla sino que sentencia, solamente dijo:


- ¿Magia? ¡No! Yo no hago esas cosas. Ha sido, simplemente, un poco de relleno.


6 comentarios:

LUISA M. dijo...

Hola, Kika:
Una anécdota muy divertida la que cuentas. Me he reído aquí sola, mientras la leía, imaginando la escena. La amiga de tu hermaníssima debió de quedarse a cuadros cuando empezó a sacar pañuelos del escote. Claro, que lo de la magia debe ser de familia.
Y es muy lógico que la eches de menos...
Besos.

kika... dijo...

La escena debió ser de órdago. Y mi hermaníssima tan tranquila, venga a sacar pañuelos del escote como si fuera un mago de esos que sacan pañuelitos de colores unos unidos con los otros...

je je je

(y sí, echo mucho de menos...)

besitos y magia,
K

txilibrin dijo...

jajajajaaa
No hago más que imaginármela como una caja de clínex (de esos de llevar en el coche) pero con escote, qué geniallllllllllll.

MMMMMMMUAKASSS

kika... dijo...

pues fue más o menos así, txili...

(besos y magia)
K

el sátiro dijo...

Deducción ,tú tienes una parte de adelante sorprendente.

kika... dijo...

hombre, tanto como sorprendente...

(más bien que no)

besos golfos y magia!
K