28 enero, 2009

Volviendo al lugar del crimen





- Kika… ¡el mechero! ¡Te lo dejas!

La voz de Yeimi resuena en el patio.

- Déjalo. Ya me lo llevarás mañana a clase… - respondo a gritos por el hueco entre los edificios.

- No, no. Espera que te lo tiro.


La cabecita de Yeimi desaparece tras el tendedero y diez segundos después, emerge con algo en la mano.


El mechero se precipita tres pisos.



Hace unas horas hice lo que los buenos asesinos. Volver al lugar del crimen. Invitada a tomar té moruno con pastas, a escuchar buena música – desde Cheikha Remitti a Amália Rodrigues, pasando por la banda sonora de Lucía y el sexo – a regalar un poema y una botella de vino.


Yeimi es el amigo que, casualidad de las casualidades, se quedó con el piso del Paseante (ver Dos que duermen en el mismo colchón… y …se vuelven de la misma condición). Ese piso precioso, en pleno centro, con una renta más que razonable y una puerta color verde mar que hay que cerrar con dos candados.


- Dile a Yeimi que eche siempre las dos cerraduras, Kika – me advirtió el Paseante.


El piso del Paseante. Tengo que reprogramarme el cerebro y dejar de decir que es su piso. En primer lugar, porque ahora es de Yeimi, para eso lo paga. Y en segundo lugar, porque negarle la propiedad de la vivienda, aunque sólo fuera en mi cerebro (¿se trataría de un caso de propiedad intelectual?) sería profundamente injusto. Yeimi se ha portado mejor que bien, en virtud de un pacto de sangre que hicimos cuando éramos opositores. Juramos, como en las pelis de campamentos americanos, que nos ayudaríamos siempre en el mundillo de nuestro trabajo, que muchas veces puede ser despiadado. Como cualquier otro ambiente laboral, por otra parte.


Con un cuidado exquisito, Yeimi abrió la puerta y me dejó entrar la primera. Despacito, con miedo, porque la última vez que estuve en ese piso – no fue hace tanto – recogí el colchón de marras entre lágrimas y pensé que jamás sería capaz de volver a entrar en él. Pero el patio, ese patio bello al que le he dedicado alguna de mis Veintidós postales me hizo sentirme en casa. Dejó de darme miedo. Comencé a pensar que todo ese espacio era mío, que nunca debí perderlo y que ya iba siendo hora de recolonizarlo.


Entré por la puerta y miré el salón. No pude llegar al dormitorio en un primer intento. La misma vela sujetaba la puerta del baño. Me miré al espejo y vi que faltaba todo. Reprogramemos: no falta nada. Ahora están las cosas de mi amigo; su gel de baño, sus toallas, sus estrellitas de gelatina pegadas en los azulejos.


El té, el humo marroquí y mi interpretación de la perfecta odalisca sobre el sofá. Vapores de vino de autor, poemas.


De pronto, la velada se convierte en una disparatada sesión de fotos con Queens, Yeimi y yo como protagonistas. Creo que Lady K estaría orgullosa de gran parte del material que hemos creado entre los tres. Yo parecía poseída por el ansia de hacer de modelo y fotografiar. Sin indicaciones. Eso es raro, pero supongo que se debía a la recuperación de mi espacio.


Ahora ese piso es un poco mío.


Al final, los tres terminamos contándonos secretos tumbados en la cama. Creo que el pacto de sangre entre Yeimi y yo va a ser muy importante en el futuro. Él ha entrado en las Realidades Paralelas con todas las de la ley, aunque no sepa que existe este blog.


Así debe ser.



- Kika… ¡el mechero! ¡Te lo dejas!

La voz de Yeimi resuena en el patio.

- Déjalo. Ya me lo llevarás mañana a clase… - respondo a gritos por el hueco entre los edificios.

- No, no. Espera que te lo tiro.


La cabecita de Yeimi desaparece tras el tendedero y diez segundos después, emerge con algo en la mano.


El mechero se precipita tres pisos.


- Seguro que se ha roto – dice Queens.


Muevo la ruedecilla y parece que sí, que se ha atrancado. El clipper no ha resistido la caída libre. En ese momento, me identifico con el encendedor. Caer desde el piso del Paseante y salir indemne no es fácil.


De pronto, se enciende una llama. En medio de mi patio favorito acabo de descubrir que ese mechero que parece una metáfora de mí misma se ha puesto a funcionar.


No he podido evitar una sonrisa.


9 comentarios:

Nares Montero dijo...

Bravo preciosa!
Tengo ganas de fotos, de tés y de algún plan C que otro...

"(...)Quedaté un rato y ya veremos que haremos con este querer herido(...)"

Nos vemos esta semana? Sí me cuentas como tienes las horas me invento un mundo donde perdernos.

Muack!

Jaco dijo...

¿Te identificas con un mechero?
Pues entonces me alegro muchísimo de que haya llama.
¿Qué vas a hacer con ella, quemar o alumbrar?

Un beso

Queens dijo...

Ese Yeimi!!! Gracias por una fantastica velada, llena de te, fotos, vino y confidencias.

Besitos

Q

Trovador errante dijo...

Gusto leerte así, mechero ave fénix!

Yo volví al lugar del crimen, otro tercero muy lindo, céntrico y de buena renta...unas cuantas veces. Reformado completamente (se cargó la terracita la tía...)

Lo sigue morando la asesina...;-)

Ahora paso por debajo sometimes y miro los 3 ficus.

Lugares comunes y almas y cuerpos tan diferentes.

Uu besazo rubia

Microalgo dijo...

Magnífico, el post.

Marian dijo...

Qué bonito!

(uis, justo al terminar de leerte, pasó por mi cabeza esa frase de Sabina (Peces de ciudad) que dice algo así como "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...", aunque si es por un té moruno y unas pastas, yo también iría ;)

kika... dijo...

nares... plan c! plan c! y tengo un titulazo! hablamos!

jaco... ¿yo? alumbrar, por supuesto!!!!!

queens... el mejor momento, el de la cama (qué mal suena je je je)...

trovador... no mires los ficus. por si acaso...

gracias, Don Microalgo!!!!!

marian... como dije hace dos fines de semana: "no me tientes, que yo me traiciono rápido"... es verdad lo que dice Sabina, pero parece que no era yo la empeñada en volver al lugar, sino el lugar parecía empeñado en volver a mí, así que...

miles de besos y mucha magia a todos!
K

txilibrin dijo...

Ey
¿Me has borrado el comment o no se guardó?

Arrrgh

kika... dijo...

me temo que no se guardó...