02 enero, 2009

KikaTaller 2: el retorno




Estoy dándole vueltas a volver al taller literario. Lo dejé porque estaba muy ocupada con la oposición, y ahora ya he aprobado y no es que tenga más tiempo – sorprendentemente o no, tengo bastante menos ahora que mi vida no la organizo yo – pero sí que tengo más ganas. Además, me apetece ver más a Píter, Nán o ETDN, por ejemplo, a Nares (aunque a ella la veo más fuera del circuito talleril, como a Guille) o a Lara, que ya no va siempre pero sigue yendo mucho.


Nunca me desvinculé del todo. Permanecí en la lista de correo, de hecho pedí que no me quitaran, así que he estado al corriente de mucho de lo que se ha hecho. De mucho, no de todo, pero puede servir para no estar completamente desconectada. Sigo participando en Las Playas de Siberia, y me encanta.


Además, nos traemos entre manos un proyectillo editorial. Qué más quieres, Kikita.


Lo que pasa es que ya no sé si pertenezco allí. Quizá todos hayan mejorado mucho y yo me haya quedado atrás. A lo mejor ya no pego o me agobia la cuevita del bar donde nos reunimos. Puede, incluso, que la gente me guste más fuera del taller que dentro.


Por no hablar de lo del nombre.


Parece una tontería. Probablemente lo sea. Pero yo siempre lo he llamado el taller, como mucho, el taller literario (para especificar y distinguir) pero no lo llamo como muchos de sus integrantes. Ellos lo denominan el Bremen, en honor a una noche en la que escribimos basándonos en una línea del diario de Anaïs Nin. El Bremen fue un barco en el que viajó la escritora (amén de otros cinco buques que se llamaron igual). Pero a mí Bremen me suena mal. No logro que me entre el nombrecito, no hay manera. Y eso que estoy orgullosísima de pertenecer al taller – entiendo que esto del taller es como las logias masónicas, que una no se da nunca de baja – y lo cuento por todas partes.


Pero Bremen… como que no. No sé si es porque me tiré una parte de mi tierna adolescencia enganchada a un videojuego llamado Patrician III y mis barcos tenían su base en esa ciudad que nunca producía suficientes herramientas como para hacerme rica. No lo sé. Pero no me gusta, y lo que es peor, no me identifico.


Me digo a mí misma que eso del nombre es una chorrada y no debería ser un factor decisivo a la hora de volver o no al taller. Es totalmente cierto. A pesar de que la historia de la literatura esté llena de casos en los que los nombres eran fundamentales. Que se lo digan a Romeo y Julieta. En su caso, el nombre era importantísimo y además es el tema sobre el que versa uno de los más bellos parlamentos de la historia del teatro. Y por conservar su nombre, por no querer que quedara mancillado, ahorcaron a John Proctor, protagonista masculino de una de mis obras de teatro favoritas, Las Brujas de Salem (Arthur Miller). Dice eso de:


- Because it is my name! Because I cannot have another in my life. Because I lie and I sign myself to lies! Because I am not worth the dust on the feet of them that hang! How may I live without my name? I have given you my soul; leave me my name!


Tengo que seguir pensando, supongo. Ya me ronda por la cabeza un texto nuevo siguiendo el tema que se ha puesto para la vuelta de vacaciones. Pero no lo sé.


En el fondo no es por el nombre, claro.


Pero como excusa no me digáis que no queda fenomenal.


5 comentarios:

NáN dijo...

Ja, ja, já (en la intimidad, para mí solo, lo sigo llamando La Buena, como el bar donde nos reunimos).

Kikita, tú siempre has sido del taller. Claro que notarás que un relato cada dos semanas nos mejora a todos, para eso vamos: ¿cuándo empiezas a mejorar tú? ¿Este 7 de enero mismo?

Además, en tus poemas, ya he comentado algunas entradas en ese sentido, has mejorado más de lo que te atreves a decirte a ti misma.

Siempre abierto para ti, Bremen, La Buena o el taller.

Jaco dijo...

Admítelo, es la peor excusa que se te pasó por la cabeza. Es tan mala que ni siquiera a mí se me habría ocurrido. Y confieso que suelo ser infalible a la hora de inventar excusas increíbles.

Un beso de año nuevo :D

kika... dijo...

Nán... yupi!!! Me confirmas que es como una logia masónica (es que verme con el delantal y querer pertenecer a una je je je)... y bueno, pretendo ir el día 7... aunque el tema no termino yo de pillarlo (como de costumbre, por otra parte)... y además tengo que darte tu varita de mago gitano...

(uffff... no sé si es un compromiso, pero es lo más cerca que he estado al respecto...)

Jaco... sí, es una excusa patética. Y algo bueno que tengo. Si voy a poner una excusa para no hacer algo, suele ser mala. Así se nota y todo el mundo sabe que es porque me dio la gana (jajajaajajajaj)


besos y magia a los dos...
K

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

En todo grupo se forman afinidades, rutinas, amistades, manías. A mí tampoco me gusta el nombre de Bremen y por eso yo no lo llamo Bremen. ¿Me hace eso mejor o peor que los demás? No, en absoluto. Yo disfruto viendo cómo ellos disfrutan llamándolo Bremen y yo lo sigo llamando "taller" y ellos no me lo echan en cara.

A veces salimos todos, a veces no. A veces vamos a leer, a veces a escuchar. El taller no es una secta, yo no lo vivo como una secta. Somos un grupo de gente que nos llevamos bien, que disfrutamos lo que hacemos y que hemos encontrado un contexto ideal para disfrutar y divertirnos.

Pero no creo que haya que obsesionarse con disfrutar y divertirse de la misma manera que los demás porque eso es imposible. Y desde luego la diversión y el disfrute no tienen un nombre propio, cada cual elige el suyo.

A mí me parece muy bien que vuelvas, a tu manera y a tu tiempo. Sin angustias.

Besos,

Guille

kika... dijo...

Guille, no he dicho que nadie eche nada en cara...

... pero si a ti te parece muy bien que vuelva, incluso como vuelvo yo a los sitios, a las cosas y a las personas, muchas veces odiando volver pero amándolo a la vez, encantada.

Me dan más ganas aún, de hecho.

besos y magia
K