12 enero, 2009

Dos que duermen en el mismo colchón… (o Historia de una cama, primera parte)

Hoy estaba en clase (sí, en clase, después de cinco años estudiando te tienes que volver a poner a estudiar) y me he puesto a pensar en cómo las casualidades, las causalidades, el karma o lo que sea nos lanza a los unos contra los otros en estos contenedores humanos que llamamos ciudades. Me imagino que lo mismo podría ocurrir en un pueblo pequeño, en el campo o en plena taiga rusa… pero es mucho menos probable. Y quizá las consecuencias serían mucho mayores: las grandes ciudades, los avisperos de hormigón se ríen de nosotros porque saben que en el fondo podemos perdernos dentro si nos duele y hacer muy complicado, incluso imposible, un nuevo encuentro.


Todas estas intersecciones tienen a la vez un lado divertido y otro más o menos trágico. En la mía con el Paseante predomina el segundo aspecto. Ahora me paro a pensar que el mero hecho de tener ganas de escribir sobre él sea una inequívoca señal de que estoy superando, aunque no me confío. Además, intentar explicar qué hay dentro de una persona como el Paseante es complicadísimo, casi imposible, así que es mejor centrarme en alguna cuestión concreta, quizá anecdótica, para que los hechos queden por encima y poder pescarlos. Hecha la reflexión filosófico-estética-pachanguera, al grano, que si no esto va a ser un post deprimente.


El Paseante, igual que paseó hasta mí, se fue paseando en dirección contraria. No hacen falta más detalles. Baste decir que se despidió con un hasta mañana y no hubo mañana. Yo no soy de las de si te he visto, no me acuerdo, y menos con él. Supongo que le quiero demasiado. El caso es que me dediqué a mi último examen y a llorar a intervalos regulares, pasé un tiempo fatal y finalmente decidí irme de vacaciones con Queens y Lady K a Cabo de Gata. Siempre me había hecho mucha ilusión tener un mapa topográfico de la zona del Cabo, para hacer excursiones trotando cuan cabra por el campo almeriense, así que un día me armé de valor y me fui con El Santo a comprarlo. Me armé de valor, sí, porque para llegar a la tienda tenía que pasar por delante de la puerta del Paseante. Y me daba mal rollo. Tonta que es una, supongo.


Según llegábamos al punto caliente del barrio paseantil, El Santo se dio cuenta de que me cambiaba el color de la cara y me preguntó. Entonces le confesé… te estoy utilizando para darme valor, Santo, expliqué la situación y los dos subimos por la calle mientras él, haciendo honor a su nombre, me indicaba que no era adecuado desear que ese distrito fuera destruido por la bomba de neutrones, esa que lo deja todo en pie pero mata a los seres vivos. Un prodigio de templanza, el Santo.


Al pasar ante el portal en cuestión, vi un cartel de esos negro y naranja chillón que ponen cuando se vende algo. Ponía que se alquilaba piso y antes de que mi Santito pudiera detenerme, ya había apuntado el número en mi cuaderno (en ese que pone Escribe aquí, no en los lavabos). Ahí se quedó, me fui de vacaciones, Lady K, Queens y yo inventamos el cóctel Gata’s De Diciembre y nos cagamos un poco en el Paseante. Muy poco, pero algo fue algo.


Ya de vuelta en Madrid, comida por la ansiedad porque las notas de la oposición aún se demoraron una semana más, me desperté una mañana con dolor de oídos y me tuve que quedar en casa, más aburrida que una ostra. Y claro, cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo. Mi cuaderno me miraba mal, diciendo llaaaamaaaa, Kikita, y de pronto me encontré dentro de un libro de esos de “Elige tu propia aventura” en el que ponía:


… si decides llamar a ver qué piso es, pasa a la página 72 donde tus amigas te pondrán de tonta que no habrá por dónde cogerte…

… si decides no llamar, pasa a la página 45, en la que te ingresarán por una úlcera con el nombre del Paseante…


Al final, llamé, claro. Porque la úlcera es un sile, vamos, que ya la tenía, y me molaba más coleccionar el cromo en el que mis amigas me perseguían con una cachiporra.


Bueno, por eso y para autoflagelarme, que siempre queda bien cuando una se dedica a escribir poemas.



como diría la hermaníssima:

tu bi continui



(es que este post estaba quedando un poco largo, con deciros que habla de un colchón y el susodicho aún no ha salido…)


2 comentarios:

ETDN dijo...

Pero ¿cómo nos dejas con esta intriga? ¿y cómo me voy a currar yo ahora, con este sinvivir, pensando únicamente en el colchón de marras?...

Hoy he visto un atardecer precioso en el Retiro, que sigue cubierto de nieve...y dicen que mañana volverá a nevar en Madrid.

2009 empieza con sorpresas y nieve mágica, aunque desbarate los planes.

¡Y yo vuelvo a tener ordenador propio!

besos de casi principio de jornada

kika... dijo...

en 20 minutos (más o menos)

el desenlace!!!!!

je je je je

besitos! que curres bien!
K