22 diciembre, 2008

Si yo soy tú y tú eres yo, ¿quién es el más tonto de los dos?

[post escrito a cuatro manos con Lady K, así que si no se entiende nada, calma]



Pero es que cierro los ojos

y hasta te veo por dentro

Te veo en un lado y en otro,

en cada foto,

en cada espejo

y en las paredes del metro

y en los ojos de la gente,

hasta en la sopa más caliente

Loco yo me estoy volviendo

Como Camarón, Estopa



Cuando alguien ha significado algo en tu vida – no voy a entrar si poco o mucho porque esas gradaciones en el fondo no tienen demasiado sentido – y por algún motivo lo pierdes, o se marcha, o las dos cosas, durante una temporada todo parecen hilos que te devuelven a esa persona.


Como decían los de Estopa, llegas a verlo en las paredes del metro y en los ojos de la gente. Lady K añade con buen criterio que en la sopa más caliente sólo se ven arrobas, y es verdad, porque cuando estuvimos de vacaciones hicimos una entrañable sopita de letras y resulta que ahora han añadido el simbolito de marras al alfabeto de toda la vida.


Yo estoy experimentando una variante algo más complicada. Me parece que por todas partes aparecen escritos en los que de alguna manera se materializa el ausente. Sea por unas iniciales, o una descripción alarmantemente precisa o incluso un texto premonitorio de lo ocurrido (sí, se pueden tener premoniciones sobre el pasado en formato literario, esto os lo aclara Lady K) o de lo que está por venir.


Supongamos, por ejemplo, que nuestro ausente tiene unas iniciales que coinciden con la dedicatoria de un cuento escrito por otra persona. Lo lees, lo vuelves a leer, te mosqueas, lo diseccionas con atención, te encabronas y terminas de los nervios. No puede ser, te dices. No pueden estar hablando de él, es imposible.


Lady K dice: no era el momento, no era el lugar, pero algo por dentro te dice que sí. Que hay algo de tu él en su él.


Menudo lío.


Entonces recurres a una mirada imparcial. O supuestamente imparcial, porque tiene que conocer a todos los personajes, por lo que – esto lo tengo muy claro – no es imparcial, o al menos no todo lo que cabría desear. El observador invitado lee el cuento, no termina ni la primera página y te da el veredicto.


Tu él – habla de nuevo Lady K – se parece demasiado a su él.


Ya no es un lío, es un follón. Rayano en la paranoia, porque puede que su él no fuera él y que tu él nunca fuera tuyo, y menos aún, el suyo.


De hecho, las iniciales de la dedicatoria – miradas sin conocimiento – no tienen por qué corresponder al ausente, sino que pueden ser de una ella, un perrito o incluso una variedad de bebida espirituosa (había puesto alcohólica, pero a Lady K esa palabra no le gusta, y hace bien).


¿Cómo saber de quién se está hablando? ¿Vas y preguntas? ¿Mejor no preguntar? ¿Mejor no saberlo?


Hay que tener cuidado. De aquí a que se nos fundan los plomos, hay un paso.


Aunque claro, Lady K siempre dice que si es blanco, huele a leche, sabe a leche y viene en una botella donde pone CLESA, entonces… ya se sabe lo que es. Horchata valenciana de toda la vida.


7 comentarios:

Nares Montero dijo...

Aclaración: La Horchata Valenciana de toda la vida no es blanca. Para ser exactos es de un color...mmm: "Blanco roto".
Usemos pues el principio de incertidumbre.
Su él, tu él... son y no son lo mismo.
Les miramos desde el cristal de la obnubilación, la distancia, y ese no menos importante grado de significación que sí, querida K, es esencial y nos hace verle en todas partes. Sobre todo, nos indica cuanto tiempo le vamos a ver en todas partes.
¿Cuanto importa?
En sero, a mi se me hace inevitable verles, a todos mis ellos, incluso a los que nunca fueron míos (pero a pesar de eso o precisamente:son mis ellos)en todas partes y constantemente, a pesar de que haya pasado tiempo, a pesar de que no estén desde hace un siglo, a pesar de que nunca estuvieran, a pesar de que estando no quisieran estar. Es como muy bien explica Julie Delphie en Antes del atardecer, nos enganchamos a sus pequeños detalles. Las bromas inoportunas de uno, el silencio en la mirada de otro, el abismo sin puente, la caricia, y el tono rojizo que adoptaba su barba bajo el sol templado de una ciudad europea.
Los pequeños detalles se quedán grabados recordandonos que no pudo ser, aún estando ellos presentes.
¿Qué hacer entonces con todas esas fantasías de pequeños detalles, de recuerdos caducos, que son ahora más parte de nosotras que la piel?
Ais Kika si fuera fácil la respuesta... (amo tanto, amo tanto la vida... que de ti me enamoré. Y ahora espero impaciente ver contigo amanecer)

Quiero una canción analgésica pero solo me quedán las uqe me hacen llorar.

Besosvenda.

Trovador errante dijo...

Cuando el tiempo aún no ha hecho su sabio trabajo (y dicen los que saben de estas cosas que los duelos rondan los dos años), pasa eso que bien dices...claro que pasa...porqué sigue ahí, que no es otro lugar que nosotros mismos.

¿Cómo no lo vamos a ver por todas partes?...lo raro sería lo contrario.

Y esas historias de está hablando de...o de mi...o de nuestra histora...pues claro que también.

No hay casualidades. Ni en ese cuento...ni en ¿por qué repusieron esta peli justo ahora?...ni en porqué este estreno dice estas cosas...

Vemos el mundo como somos, no como es, y más en esos momentos en tránsito a el cierre. Y cuesta mucho cerrar algunos temas...te entiendo bien (o os entiendo a las dos...)

Y una vez más, ahora, ayer y siempre...y te diré que cada día más...NO EXISTEN LAS CASUALIDADES.

Mejórate mi rubia lista

Besos blancos como la espuma del mar

kika... dijo...

Nares... eso era justo de lo que quería hablar. Del poder evocador que no está en la palabra, ni siquiera en la imagen, sino en la vida propia, en nuestro propio cerebro. Ver a alguien por todas partes y dejar de hacerlo en cuanto queremos.
A mí me interesan muchísimo los mecanismos del recuerdo, y siempre que pienso en ellos me viene este texto a la cabeza...

http://lasplayasdesiberia.blogspot.com/2007/12/no-conservo-ninguna-fotografa-suya.html#links

Me quedo buscando una canción tirita buena de verdad, que seguro que la hay...

trovador... una cosa es ser incapaz de superar, y otra es tener una cierta tendencia a relacionarlo todo... supongo que quien más y quien menos tiene una mochila emocional llena de piedras (como la llama mi amiga Henar). Pero yo creo que no tengo piedras en la mía, o estoy al menos en el proceso de dejarlas tranquilamente a un lado del camino...

miles de besos
K

kika... dijo...

(ah, y el color de la horchata es casi casi el mismo que el de la leche de soja)

;)


más besos
K

Henar dijo...

Aporto el dato frívolo de la cuestión (las arrobas de la sopa). No sé si fue mkt online brillante (como el de Pepsi de hoy) o la historia es real (el amigo se quejaba en su blog de que faltaran letras y símbolos en los sobres de sopa de letras... por eso incluyeron, entre otras, la arroba; leer el blog de abajo a arriba)

http://www.20minutos.es/noticia/241150/0/Faltan/letras/sopa/

http://mefaltanletras.blogspot.com/

Besitos, linda,

La amiga Henar

kika... dijo...

Me parece genial la historia... tengo que reconocer que yo sólo comprobaba que estuviera la "K", pero de repente me encontré con un signo más grande de lo normal y era la arroba... la puse en un lado del plato para que Queens y Lady K pudieran admirarla.

Qué entrañable es la sopa de letras.

Y eso me recuerda que tengo que contar la historia de las galletas con forma de letra, starring Queens...

(que esa sí que es una historia entrañable de verdad)

besitos!!!!!!!!!
K

Trovador errante dijo...

La última vez que comí sopa de letras, hasta me pareció que formaban una palabra: Aina (el nombre de mi increiblemente preciosa, lista, rubísima y farandulera sobrina)

Besos con todas las letras