18 diciembre, 2008

Punto de inflexión

Cuando hice la primera comunión, mi abuela paterna me dijo que ese sería el día más feliz de mi vida. En aquel momento no me lo pareció, la cosa me sonó fatal además, y recuerdo que le contesté que esperaba que el día más feliz de mi vida fuera un poco más tarde. Porque como la felicidad consistiera en el vestidito blanco y la diademita de flores no me gustaba nada.


De hecho, significó mucho más para mí el hecho de que ese día me regalaron los primeros patines que he tenido. Me cambié de ropa y me largué a patinar con la hermaníssima mientras la gente aún estaba comiéndose los bocaditos de nata. Eso sí que era la felicidad. Eso sí que era un punto de inflexión.


Desde entonces he tenido cuatro pares de patines – quien ha ido conmigo en el coche sabe que nunca me cabe nada en el maletero porque siempre llevo un par por si me dan ganas de ponerme ruedas en los pies – y he sido una persona bastante feliz. Eso no es incompatible con el hecho de haber estado muchas veces triste, y de haber llorado, o sufrido, pero esencialmente soy una persona feliz, que disfruta de serlo y no le tiene miedo a los estallidos de felicidad.


He descubierto hoy que eso tiene un efecto bastante curioso. La escasez de efectos de los puntos de inflexión vitales, especialmente los alegres. Hoy me he encontrado con los compañeros que han aprobado la oposición, y me he dado cuenta de que muchos esperaban este momento para volcarse la vida, ponerla patas arriba y reírse.


Y yo, que era inmensamente feliz, que era también totalmente consciente de la importancia de lo que ocurría y de que eso era un punto de inflexión en mi vida, disfrutaba del momento, pero sabiendo que no es el momento más feliz.


Ni el más importante.


Esos, como le dije a mi abuela, vendrán más adelante.


Y pueden adoptar la forma de cualquier cosa, incluso la de un par de patines.



(Feliz era mi madre bailando en el pasillo esta preciosidad de canción que me regaló mi cerillero favorito…)




5 comentarios:

Trovador errante dijo...

Está muy bueno que tengas claro cuales son las cosas importantes de la vida.

"Son aquellas pequeñas cosas"...

Son los momentos. No los recuerdos ni los sueños. La felicidad que sientes en cualquier momento, no la que "toca" sentir.

Ya sabes...o se siente...o no se siente.

Bienvenida al universo de los curritos...;-), ese del que el niño Joaquinito dijo "me podrán robar tus días...tus noches no."

Besos en una placa de borde rojo y letras azules

kika... dijo...

pues ahora mismo, ni mis noches... creo que tengo fiebre (y mañana tengo trabajo)... así que me voy a ver si duermo un poquito...

besos cansaditos,
K

txilibrin dijo...

¿Te vienes a patinar conmigo?

Sigo sin encontrar gente en Madrid con la que patinar, jajajajajaaa, y sola, un rato, luego me aburro...

cerillasGaribaldi dijo...

Me sonrojo cada vez que ...
También soy feliz, lloro de felicidad y también bailo en el pasillo.

También de envío besos, también todo... tengo ganas de respirar el campo:

http://www.goear.com/listen.php?v=1f9dd08

kika... dijo...

txili... pues no te digo yo que no... pero tiene que ser en un sitio donde el hielo esté en condiciones (odio las pistas esas que ponen por las que nunca pasa la máquina y parece que estás patinando por Bagdad)...

Bob... ai lof yu (que le diría Suze a Bob, o Bob a Suze, vete a ver...) y te reivindico, y me gusta leerte, y no sabes lo que estoy bailando con tus canciones regaladas. Si es que después de todo, Bob Dylan no pasea por el Bulevar con cualquiera! Sólo conmigo!

viva! (bailo por el pasillo, si llegas a ver a mi madre...)

besos y magia!
K