04 diciembre, 2008

Allí no hay bancos




Cosas raras que llevo en el equipaje:

dos almohadas

un tupper con empanadillas

no llevo perfume, no he metido los pendientes.


He explicado que donde vamos no hay nada. La gasolinera, a quince kilómetros. El banco, a treinta, igual que el cine, el aeropuerto, las tiendas de moda. Sólo hay desierto en todas direcciones: olas de tierra que parecen congeladas, pueblos abandonados, ruinas de cortijos en las que viven eremitas y furgonetas volkswagen donde duermen los hippies del poblado de las palmeras.


Tengo ganas de volver a ver las minas de oro.


Ese lugar donde suceden fenómenos fascinantes como que el pan no se endurece o que si miras con mucha atención se ve Orán al otro lado de las brumas.


Ramblas, lentiscos, volcanes, pitacos, granates.


Voy con dos personas. Una de ellas ni se imagina que el punto de llegada es una realidad tan paralela que puede dejarla partida por la mitad.


Mientras, correré por la playa con pelos de loca, feliz. Viviendo en el peligro constante de desprendimientos.


Enseguida vuelvo.

6 comentarios:

Trovador errante dijo...

Qué bien suena todo mi niña. Eso es el mundo real.

La ciudad, la que hace poco describía Nares, es la realidad paralela, "la trampa"..., el desierto plagado de gente...

Paz, arena, silencio, mar...magia!empápate y a la vuelta, nos traes un frasquito de esencia.

Nares Montero dijo...

Mi querida princesa del desierto. A veces pienso en otras realidades paralelas como la de tu dunas y el pelo al viento... ver el mar en invierno, denso. Olas de azucar.
Hoy lejos de Madrid (pero no TAN lejos) te imagino en un aislado mundo de sueños.
Disfruta del descanso.
Besos

cerillasGaribaldi dijo...

Envidia, envidia, envidia, y más ahora que no dejo de escuchar a los Byrds y tú te vas con los hippies.

Yo iba mucho por las tierras del Indalo, me gustaba comer trigo con garbanzos, gurullos y pelotas en Turre, creo que se llamaba Orsoca el bar. También me gustaban los pescadores de Garrucha, porque me parecían de otra especie comparados con los de Norte, y me gustaba bañarme en Puerto Rey fuera de temporada y en la playa de los Muertos, pero supongo que estará todo invadido por el ladrillo. San José también me han dicho que se ha transformado.

Envidia, envidia, envidia,... ¡qué lo pases en grande, Suze!

Nares Montero dijo...

No llegabas hoy? ais se te echa en falta! ;)

kika... dijo...

sí, sí, estoy

pero estoy experimentando dificultadoes técnicas (creo que ya están solucionadas)

enseguida vuelvo (again!)

besos
K

kika... dijo...

trovador... aquí estoy de vuelta, con muchos retales de epopeya desértica que contar, y los contaré, lo que no sé es cómo se van a manifestar, porque esto de las ganas de escribir, los sujetos y los trasuntos es complicado... pero lo haré, porque no sabes cómo es mi desierto...

Nares... es verdad que sé soñar bien, sobre todo en el desierto, con un turbante y el pelo de loca...
... me hago princesa si tú me das el título...

Bob... no me lo puedo creer! Debemos ser las dos últimas personas vivas (quizá con Miguel Marqués, que es almeriense) que hemos comido gurullos! Tengo fotos acreditativas de los pescadores de la zona (diciéndome "sirenaaaaaaa, bonicaaaaa, que te echamo la réee")... y sí, San José no es lo que era. Pero aún es precioso.
Te lo contaré, Bob. Besos, Suze!

besos y magia a todos!
K