14 noviembre, 2008

Veintidós postales, fragmento I


La primera noche que pasé contigo estuve bastante ocupada. Primero, me hice la obediente a la hora de desvestirme después de haber bebido demasiado vino, aunque creo que te diste cuenta de que no era demasiado ni por asomo. Tan cansada y temblorosa. Ya estabas advertido de que tengo tendencia a temblar de emoción, de nervios, de expectación. No vale preguntar si tengo frío, que me enfado. Como mucho, tápame simplemente hasta que deje de temblar, aunque es mejor si me recolocas, me abrazas hasta que asienta como sólo lo hacen las niñas buenas y parcialmente arrepentidas de tanto tinto en vasos desparejados.


Dejando círculos incompletos de salpicaduras en la mesa.


- Definitivamente necesitas unos posavasos.


Digo que sí y dejo que me quites la camisa. Sólo pienso que hace horas que no llevo calcetines. Por primera vez en mi vida no tengo los pies helados, ni las manos tampoco, y a ti te da miedo tocarme con las tuyas, como si fueras a despertarme de frío. Toda la vigilia a un lado, agotamiento que llama a la inconsciencia, no he bebido tanto pero me estoy desmadejando y perdiendo lentamente la consistencia.


Encantada de perderla para adquirir la del sueño.


Una vez disipada la telaraña de vino y temblores, ya de amanecida, me dediqué a uno de mis pasatiempos favoritos: mirar cómo dormías. Tengo el verdadero vicio que sólo se explica por lo mal que duermo si comparto colchón, aunque no creo que esa sea la única explicación. Creo que ver dormir a alguien me coloca en una posición de poder silenciosa y sólo a medias explorada.


Entro en tus fases del sueño: más o menos ochenta minutos de ojos casi quietos y cuerpo en movimiento. Durante los primeros treinta, los sueños lógicos, los que resuelven problemas. Si despertaras ahora, tendrías facciones relajadas, cara de comprender, la misma voz pero menos piedras en el estómago. Ahora sé que te recorría una cicatriz gigante e invisible. Eras como el lobo del cuento, te habían sacado la comida de la tripa, reemplazándola por rocas que se te mantenían dentro apenas contenidas por un pespunte chapucero.


Los cincuenta minutos restantes, sueño profundo, una vuelta, otra vuelta, bloqueo y desorientación. Es tu cama pero ahora mando yo ante tu voluntad anestesiada y la ausencia de tono muscular. Pienso que me gusta tu espalda adolescente, me parece que hueles a melocotones de viña y yo a sudor mal disimulado, doy gracias por haberme puesto el sujetador nuevo.


Ahora, quieto. Seis minutos de actividad cerebral, de sueño paradójico del que no alcanzo a arrancar ni un pedazo de contenido manifiesto. Los indicios me dicen que sueñas, aunque es una película afgana en versión original, balbuceas, hablas. Sé que si te pregunto ahora, no podrás resistirte a mis insidiosos tentáculos de palabras y tendrás que decirme la verdad o una mentira verdadera y arraigada en lo más profundo del inconsciente. No te muevas y confiesa, quiero preguntar, dímelo, por las buenas o por las malas…


- Tengo la sensación de que esta noche hablé mientras dormía.

- Sí, lo has hecho.


Te miro con media sonrisa y el rímel corrido.


- No te pienso contar lo que has dicho.


La foto… yo tratando de deshacer un nudo en un collar… metáfora quizá de ciertas realidades… la fotógrafa fue Lady K…


4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Habrá más de esto?

Di que sí. Por favor.

Kika... dijo...

anónimo... no sé si hacerte caso... me parece que esto no ha triunfado demasiado, aunque creo que algún fragmento más habrá...

besos
K

cerillasGaribaldi dijo...

Pagaría millones por una colección de tus postales, pero supongo que nunca saldrán a subasta.

La foto: PERFECTA.

Y la postal adivino que fue la primera antes del ansia, las lágrimas y el desengaño. Mas que adivinar, supongo...

Una postal es un beso que llega al buzón... para tí, Ignacio

Kika... dijo...

Bob... esto no es el texto de una postal... ¡eran más cortos! ji ji ji... (Ahora voy a aprovechar para explicar cómo va esto de los fragmentos)

Cuando decidí que mi vida podía ser material novelable, comencé a escribir y le di un título. Veintidós postales porque escribí 22 en el Proyecto Postal. Y como la novelesca tarea se me hizo muy cuesta arriba, al final me han quedado una serie de fragmentos que, si se tercia, iré mostrando...

muchos besos
tu Suze