18 noviembre, 2008

Feliz de ser mujer (bueno, era mujer la última vez que miré)

Dice una canción de Ojos de Gamba que los Reyes Magos vendrían a ser una mezcla entre Don Juan Carlos, Harry Potter y Yasser Arafat. Trasladando el razonamiento, la consulta de un ginecólogo sería algo así como un episodio de la Doctora Quinn en medio de un programa de Hablemos de Sexo, todo ello retransmitido en directo desde Guantánamo. Guantánamo, sí. Porque ir a la revisión es una tortura que sólo es pasable por lo expeditivo y rápido del proceso.


Mi ginecóloga nueva no atiende a quien viene por primera vez a su consulta. Si no fuera porque me la han recomendado, me iría al cualquier otro médico, pero bueno, vale, me da igual. Con que me vea alguien, me es suficiente. Total, para lo que hay que hacer…


Además, hay que fastidiarse con los preparativos. Esto es como ligar, pero peor. No puede pillarte en un día de esos estupendos en los que los anuncios dicen que mola ser mujer, además hay que ir depilada y arregladita. Conozco muchas tías que se depilan más por la revisión ginecológica que por un tío.


Entro por la puerta de la clínica y la recepcionista, antes que pedirme el nombre o la tarjeta del seguro, pregunta a quemarropa:

- ¿Está embarazada?


Me quedo pensando las posibles respuestas.

a) sí

b) no estoy segura

c) ah, creía que aquí era el lugar donde confirman ese tipo de cosas

d) pues como no lo sepa usted

e) no, si últimamente no pillo ni un constipado, conque un embarazo…


Y le digo la verdad. Que no. Sencillo y conciso. Es lo que tiene la fisiología femenina, llena de cuentas complicadísimas en las que intervienen el número pi, la distancia de la Tierra a la Luna y el factor de conversión de grados centígrados a Fahrenheit. Por ejemplo. Decía el Paseante que las mujeres tenemos la fisiología interesante. Bueno, sí. Interesante para National Geographic. Porque es pisar la consulta del ginecólogo y ya estás a vueltas con todos los líquidos y excrecencias corporales. Un asquito se siente una, por mucho que habitualmente te veas y te encuentres divina. Bueno, y eso si logras abstraerte y que todo el tema no te dé aprensión, porque como empieces a pensar que a ver qué te van a encontrar esta vez en algún recoveco de esa fisiología tan interesante…


Menos mal que la hipocondría no se encuentra entre mis múltiples defectos.


Todo rapidito y en plan eficiente, paso a la consulta donde descubro que la doctora ayudante de la suplente de la titular del asunto (esa que no te ve a menos que estés embarazada de algún miembro de alguna familia real), es italiana. Las italianas cuando hablan en español me parecen bordes. Me lo parecen, vamos, que enseguida veo que no lo son, pero no sé si es la cadencia o la entonación que siempre creo que están cabreadas. A lo mejor esta lo estaba, vete a ver, porque hace frío, y es lunes por la tarde, y es tarde, que esto parece una consulta afterhours.


Sonrío pero con los nervios me debió de salir una especie de mueca poco convincente. Ella me hace las preguntas de rigor, en plan absolutamente telegráfico. Entre ellas, de nuevo:


- ¿Está embarazada?


Pongo cara de estar calculando la raíz cuadrada de trescientos cuarenta y nueve, que no debe de ser exacta, porque contesto:


- Pues mire, no.


Y eso que lo dije sabiendo perfectamente que una mujer no embarazada tiene que ser menos interesante que una que lo esté, al menos para el médico. Yo, como mucho, o no tengo nada o tengo asquerosidades varias de interés reducido.


- Pase detrás del biombo.


La tía, ni una sonrisa, ni un cariñito, ni un por favor, ni un qué le pasa, ni nada. Y sin preliminares de ningún tipo (con lo malo que dicen que es lo de saltarse los preliminares), te coloca un pedazo de instrumental que siempre está helado (SIEMPRE está helado aunque la revisión te toque en agosto) y hala, a sacarte una muestra.


Dan ganas de pedir que te saque un kilo de muestras y te deje en paz durante los próximos cincuenta años. Pero no, porque te pones tensa y la cosa acaba siendo una especie de lucha. No sé, es como si se te acerca un tío que no te gusta nada con aviesas intenciones. El cuello de la camisa se te abrocha solito, conque imaginaros cómo se te queda el cuello del útero, que está mucho más abajo…


Después, ecografía. Todo bien. La tía me lo dice como si estuviera dando el parte de guerra desde Bagdad. Menos mal. Aunque creo que si tuviera un ovario en mitad de la frente, me habría dado cuenta.


Me entrega múltiples volantes para otras tantas pruebas, escritos con una letra que no sé si pone análisis hormonal o cambio de sexo preventivo.


Salgo de la clínica pensando que me encanta ser mujer.


De verdad, me encanta. Soy militante. Como decía el Señorito Andaluz, un preparador que tuve…


- Madame, usté es una muhé y no puede negarlo.


Pues no, no puedo.


Al menos la última vez que miré.


[risas]


En serio… hay que hacerse la revisión, que es muy importante para la salud. Aunque a lo mejor estaría bien si nos dieran la oportunidad de concentrarnos en George Clooney antes de entrar en faena…


La foto… Addison, la ginecóloga de Anatomía de Grey…


7 comentarios:

NáN dijo...

Haces que me sienta feliz de no ser mujer.

Pero el sentido del humor te rescata de todo ese sometimiento de pacienta. Un textos muy fresco, Kika.

Kika... dijo...

NáN (qué prontito)...

... ya sabes que el día que no sea capaz de reírme de mí misma y de esas cosas que me pasan, que paren el mundo, porque tendré que bajarme...

¿los hombres no os revisáis nada? ¿no ha llegado la paridad a ese ámbito?

... se lo voy a decir a la Vicepresidenta (je je je)...

besitos a miles
y abrazos a montones
K

hidden_angel dijo...

La verdad es que la revisión del ginecólogo es siempre un trauma. Es de esas cosas, como el dentista, que estás siempre dejando hasta que ya no puedes dejarla más.
En serio, algún tipo de curso de tacto con el paciente o algo así no les vendría mal.
Besinos y me alegro de que todo esté bien.

cerillasGaribaldi dijo...

Paso de puntillas y con prisas para decirte:

¡¡¡¡¡Ésta es mi Kika!!!!!
¿O mi Suze?

Besos pasajeros, Bob

ETDN dijo...

¿Y qué me dices del "pellizquito"? Porque aparte de frías las malditas pinzas esas, cuando llega el pellizco te dan ganas de arrancarle la cabeza al ginecólogo (en mi caso).

¿Y qué me dices de la situación de incomodidad (peor aún que la de los desconocidos en los ascensores) de tener al médico palpándote los pechos mirando al tendido y tú disimulando y él también...?

¿Y de las veinticinco mil botellas de agua que teines que beberte antes de las ecografías que ya te salen por las orejas y piensas: "Como tarden mucho más en llamarme me voy a hacer pis aquí mismo"?

Ains, qué duro esto de ser mujer. Pero qué quieres que te diga, yo no lo cambio. ;)

besote y ánimo que ya no te queda ná, esa oposición está ganada ya.

Silvichi dijo...

Perfectamente de acuerdo con etdn... es justo todo lo que estaba pensando mientras leia e post.

Eso si, mi unica conclusion tras las indicadas revisiones, es por fin, ya ha pasado, hasta la proxima... y me consuelo con lo mucho que falta, y con el regusto del deber cumplido.

Besitos

Kika... dijo...

hidden_angel... sí, la única diferencia con el dentista es que con este último te duelen dos sitios: las muelas y el bolsillo...

Bob... soy las dos! Soy tu Suze! Y me encantaaaaa!

etdn... para que veas, del pellizquito ni me enteré (será por lo dolorida que me dejó la primera parte contratante). Y me pasa como a ti: mujer, y además militante.
No, si al final va a tener razón El Paseante y nuestra es la fisiología interesante... ;)

silvichi... eso es, nosotras a cumplir con el cívico deber (je je je)... pero tú has sido mujer de las interesantes hace poquito: me imagino que debe ser un poco más divertido en ese estado...

besitos
besos
y magia
K