29 noviembre, 2008

El cuarto examen

El cuarto examen, más que un examen, parecía el aeropuerto. Y yo llevo una temporada en la que los aeropuertos no me traen alegrías precisamente. Me deprimen seriamente las maletas, los carritos, los arcos de seguridad y los controles de pasaportes. Mi equipaje realmente pesaba diez toneladas, o eso me parecía, así que no podía con ello (Nares, al final de todo no soy tan fuerte), así que el guardia de seguridad me ayudó a subirlo a la cinta de la máquina de rayos X. Menos mal que no tuvieron que abrírmela, porque el tetris de libros que había dentro no iba a resistir desorden alguno.

Business class, claro. Maletas y mucho traje caro.


Todo sea por el efecto placebo, como dice Dominique de Villepoint. Evidentemente, si a un examen te dejan llevar todo el material de consulta que quieras, marcado con todas las existencias de banderitas de post-it de España y parte del extranjero, es que ese material no te va a servir de nada. O de muy poco. Pero lo llevas. Todo lo necesario y también los poyaques y porsiacas. En el bolso, como para escapar un poco del ambiente del examen, un mínimo de catorce cosas inservibles: un libro de poemas, una novela, dos cuadernos sin empezar, un rotulador, cinco caramelos, un tubo de brillo de labios que ni siquiera me gusta y dos pares de gafas de sol.


Esta vez la tensión se palpa perfectamente. Los que están en plaza saludan a los que están fuera. Todos sabemos que habrá movimientos en la clasificación, que este ejercicio va a ser importante. Hay miedo. Todavía no es del que duele, es sólo del que tiene forma de cristalito incómodo bajo la lengua. Llegaremos al otro, porque esto de los exámenes es como leer una novela de la que ya te sabes el final, aunque es verdad que nunca sabes exactamente cuánto miedo vas a tener.


Se puede llegar a tener mucho.


En dos horas todo ha terminado. Salgo con la sensación extraña de tener que devolver los libros a su sitio en mi habitación sin saber qué es lo siguiente. El lunes, la defensa oral.


Mi compañera de mesa ve la novela que asoma desde la boca abierta de mi bolso. La coge, abre la tapilla y dice con su voz aguardentosa:


- Este tío me suena de Sanlúcar.

- Ay, es verdad, si tú vives allí. Pues el libro este es un novelón.


5 comentarios:

Nares Montero dijo...

Que libro es??? Ay! que se me acaba el que estoy leyendo y no se con que continuar!
Si, eres fuerte!
Muack!
(contestación de tu coment en mi blog jeje ^_^)

LUISA M. dijo...

Yo también creo que si te dejan llevar tanto material para consultar, es que te servirá de poco. Lo cuentas de una forma que se palpa la tensión ante el examen, pero le añades unas notas de humor y eso indica cierto optimismo.
Te deseo mucha suerte en la defensa oral. Una, que también ha pasado por eso, sabe lo que se sufre. (Lleva un poquito de tu magia en el bolso)
A mí también me pica la curiosidad de saber qué libro de poemas era el que llevabas.
Besos.

Jaco dijo...

¿Y qué tal fue el examen? Bien, ¿verdad? No es por destripar el final, sólo son los nervios.

Un beso

kika... dijo...

Nares... venga, que voy a contar lo del libro hoy si me da tiempo (es que tengo examen mañana again!!!)

Luisa... es verdad, si hay alguien que me entiende... pues eres tú! El libro de poesía que llevaba en el bolso era "Selected Poems", de Sylvia Plath. La novela... pues eso, que a ver si lo cuento hoy...

Jaco... pues no te puedo decir con seguridad hasta que hoy no hable con mi preparador y mañana salga del examen-entrevista. Pero por favor no añadas tu úlcera a la mía, que en cuanto sepa algo te mantendré informado...

besitos y magia a los tres (qué majos sois!)
K

Nares Montero dijo...

jijiji! siiii!!! me lo voy a leer! bieeen! es que tengo una deuda pendiente con Sylvia y con Virginia Wolf...
Y el examen de ayer? ayer? ais Jamía nos tienes en un Ay!
Muacks!