05 octubre, 2008

Un email por error

Una vez recibí un email que no era para mí. Me lo enviaron por error.


Me abrió los ojos respecto a una cuestión importante que me afectaba sólo indirectamente.


A punto estuve de reenviárselo a la persona de la que hablaba el remitente. Sólo para que viera la verdad.


Después me di cuenta de que a veces es mejor vivir en una bendita ignorancia de lo que algunos dicen de nosotros. No sé si me gustaría que me lo dijeran a mí, aunque trato de rodearme de gente que no me mienta. Ojo: no son personas a las que les guste, ni siquiera gente que me quiera (que también), sino personas a las que se les vean las intenciones y el alma en la cara.


Así que avisé al remitente de que el correo me había llegado por error y acto seguido lo borré. La persona afectada sigue pensando que es su amigo.


Pero yo ya no pude volver a mirar de la misma manera a quien firmaba la misiva.


Su secreto está a salvo conmigo. Aunque no se lo merezca. Lo que no se puede es esperar que me dé igual. Me da asco. Y si algo soy en esta vida, es extremadamente consecuente con mis ganas de vomitar.


8 comentarios:

Parker Lewis (ya puedes imaginarte) dijo...

Tu das ganas de vomitar también. Creo que pretenciosidad es la palabra más adecuada. También pedantería. Espero que alguien te regale pronto un espejo, aunque sospecho que te vas a seguir viendo como quieres...

Kika... dijo...

Yo de Parker Lewis lo único que me imagino es que nunca pierde. Curioso alias, en cualquier caso.

Gracias por advertirme acerca de la percepción distorsionada que según tú tengo de mí misma. Tranquilo, tengo espejos en los que mirarme y ya son lo suficientemente duros, muchas veces sin motivos.

Parker, viendo que te consideras en una indudable atalaya moral te aconsejo, simplemente, que hagas caso a tus ganas de vomitar, con cuidado de no hacerlo sobre el teclado, y desde la sencillez absoluta me permito recordarte que hay una crucecita que sirve para cerrar la ventana en caso de que no te guste lo que aquí leas.

Saludos,
K

Henar dijo...

Kika, eres lo más.

Con el DRAE en la mano, Parker Lewis sugiere que quizá pretendes ser más de lo que eres. Teniendo en cuenta que tu magia y tu carisma están mucho más allá de lo que piensas, supongo que se refiere (merde alors) a las FW... Es cierto, aún no hemos ensayado y ya pretendemos un Grammy. Lo que no sabía yo, Kikita, es que te dedicabas a enseñar a los niños gramática yendo a las casas (segunda acepción de pedante).

Nunca llueve a gusto de todos, y mejor, es más divertido. Pero cuando algo no te gusta hay tres opciones a) evitarlo, b)acostumbrarse a vivir con ello, si no queda más remedio o c) hacer una crítica constructiva. Todo lo demás se convierte en el retrato de Dorian Gray de quien lanza la piedra escondiendo la mano y la identidad.

Un beso, cielísimo,

H

Anónimo dijo...

Parker, eres muy gracioso. Es más: eres muy ingenioso. Díselo a tu madre y que te dé dos besos.
Pero a los demás, haz el favor de dejarnos en paz.

De zafios oligofrénicos hemos cubierto el cupo por hoy.

Por favor, Kika, sigue deleitándonos con tu magia.

Lobo

aroa dijo...

Pues vomita kika, si falta te hace, a mí es que se me queda muy mal cuerpo al hacerlo y no me suele merecer la pena.

Creo que si alguien leyera los emails que mandamos, escuchara todas las conversaciones puntuales que hemos llegado a tener cada uno, podría revolverse igualmente, ¿no?

Kika... dijo...

Aroa, tienes toda la razón. Por eso decía que a veces es mejor no saberlo.

muchos besos
(triunfadora de los títulos)
K

PS Henar, gramática no, pero... ¿y ortografía?

PPS Lobo... ya lo sabes...

david dijo...

Pues yo no veo razones para ocultarlo, ni malicia, ni traiciones, ni nada. El correo, cambiando un nombre propio por #, decía así:

"¿Has leido al #?, ji ji.
Fantaseo pensando si creerá que parte del error es haberle mandado los correos a el, o si filosofara en su blog sobre mi error este de enviar correos a quien no toca...
Ah, que necesidad tan rara de que el tipo este hable de mi, ja ja."

Si al menos contases el contexto en el que existió ese correo, todos aquellos mensajes sobre regalos de cumpleaños que él recibía, espero que dudando entre pensar si era un error o si # se iba a quedar sin regalo, me quedaría más tranquilo, pero claro: contando el contexto ¿con qué te quedas?, ¿con una confesión de mi afan de protagonismo? Poco mérito para ser el ogro que describes, Kika.

Cuando quieras contar algo, no sé si será mucho pedirte que tengas el valor de hacerlo a la cara, de dar nombres y hechos y de no insinuar de manera sesgada una historia que no es, ni de lejos, como la pintas.

Pero vamos, gracias: intentando arrancar una careta, se te ha caído la tuya, y siempre es bueno saber quién da ese asco que, desde ahora, mérito tuyo, es recíproco. Aunque el mío sí tenga un motivo.

Kika... dijo...

David, creo que te equivocas. De email y de contenido. Me refería a algo mucho más reciente y grave, por cierto, que tiene que ver con cierta persona a la que trato de exorcizar y que siempre trata de hacer daño mediante personas interpuestas. Ahora mismo, de hecho, acabo de recoger una carta suya del buzón.

El correo del que hablo me llegó por una equivocación tan sencilla como la de tener el mismo apellido que el destinatario original.

No hablaba de ti, en la vida sé distinguir lo importante de lo que no lo es. Y, por desgracia, esto era mucho más importante que una nadería como la de que me hablas.