27 octubre, 2008

Piezas de puzzle

Hay fines de semana que empiezan con un puzzle vital deshecho. Uno de esos de veinte mil piezas esparcidas por el suelo, descontroladas, reticentes a colocarse en su sitio. Puede ser, incluso, que algo que hagas termine de descolocarlo todo.


A veces necesitamos que nos remuevan por dentro. Otras, viene algo o alguien y nos remueve sin previo aviso. El viernes estuve en la Fundación Progreso y Cultura, donde tocaba Luis Ramiro dentro del ciclo ArtPegio. Acompañado a la guitarra y la mandolina por Mario Raya, Luis estuvo hablador, a ratos sonriente, a ratos serio, conectado con el público, olvidando el punto ausente que tiene a veces. Parecía estar atravesando una montaña rusa emocional durante el concierto, lo que hizo que fuera uno de los mejores que le he visto. Y he visto unos pocos. Por una vez, casi todo el repertorio me encantó (tengo yo mis filias y mis fobias, es que no me convencen ni La sirena ni Mayo de 2002, rarita que es una, lo acepto), pudimos escuchar canciones que sólo se habían oído en el MySpace (el Space de Luis es de esos al que hay que permanecer atento, cambia las canciones con cierta frecuencia), y yo me acordé del domingo por la noche, cuando Lady K y yo nos afanábamos en escribir el guión del aniversario de Central Musical. Atascadas con algunas presentaciones, pusimos los temas de Luis Ramiro, y nos salieron solas. Algo mueve por dentro, este Ramiro. No sé si estimula la imaginación, como dice él de sus Globos de chicle, pero algo hace.

La cuestión es que salí del concierto metida dentro de mí misma. Un estado raro para el viernes y que probablemente explica lo que ha venido después. O lo que no ha venido después.


Aunque no creo en el karma – lo siento, hidden_angel – tuve que buscar alguna manera de reordenar las piezas de puzzle que yacían esparcidas por mi habitación interior. El suelo del estómago lleno de rectángulos irregulares de cartón con aristas, picos y otras formas poco deseables. Los colores del dibujo a reproducir, totalmente revueltos, haciendo espirales pringosas por todas partes.


En ese momento de patriaomuertevenceremos, que es una frase que usamos Henar y yo pero que no tiene nada que ver ni con la patria ni con la muerte, sino con vencer miedos y restricciones internas, le dije a Lady K que si le apetecía ir a un recital de poesía. Ella no es una verdadera fan de ese género, pero me dijo que sí. Son lugares peligrosos, esos recitales. Mirad que yo escribo poesía, pero he estado en algunos eventos de este tipo que atentaban directamente contra la Declaración Universal de los Derechos Humanos.


El de Nares Montero anoche en Trovadicta desmentía todas las ideas preconcebidas. Ni aburrido, ni excesivamente largo, ni un público cultureta (como diría la hermaníssima) de esos que te miran raro si pones cara de no comprender nada… La duración fue la justa y necesaria, el público, encantador y entregado, la poeta, acertadísima a la hora de interpretar lo que escribe. Acompañada por Paula González a la flauta y Alberto de Paz a la guitarra y percusión, Nares nos dijo que lo importante anoche era sentir. En el sentido estricto de la palabra. En el sentido más primario de lo que es sentir. A fe mía que sé bien qué es lo primario. De hecho, un retorno a los olores y sabores, al sentido del tacto es quizá lo que me había destrozado el puzzle interno.

Hubo poemas acompañados de olores. Sabores a otoño y peticiones desde el escenario para que regaláramos palabras. Yo empecé a escribir, pero no pude regalar una sola palabra. Es que con un rotulador y una hoja de papel yo tengo mucho peligro. Y en el fondo, escribí algo importante. Nares y yo hacemos poemas, pero cada una va por un camino estético distinto. Ella rima como las canciones, en asonante, yo desrimo, ella pide palabras, yo tengo una enfermiza tendencia a robarlas, ella…


Pero las dos nos despertamos a las seis de la mañana para constatar el amor, el deseo, el fin de los tiempos.


Y eso sí que es un poema. Creo.


Recogí cada una de las piezas con la música y la poesía. No he logrado ordenar nada, pero sé perfectamente que no se trata de eso. Soy una fan consumada de los puzzles y para hacer más liviano el trabajo es fundamental buscar primero las cuatro esquinas.


Después hay que localizar las piezas de los bordes.


Me quedo haciendo ese trabajo.


Y escribiendo canciones por encargo, que me han vuelto las ganas.


No hay comentarios: