11 septiembre, 2008

Orquídeas


¿Nunca has tenido la sensación de estar perdida? ¿Y de que todo se deshace entre tus dedos?


El mensaje de móvil decía simplemente eso. Resultado de un mal día, de un mal día hecho día peor, porque él se veía en la obligación de ponerle buena cara. Yo le había dicho que no hay que poner la otra mejilla a los días que se tuercen. La única obligación es pasarlos. Es imperativo desear que terminen. Mi comunicante (lo voy a dejar en comunicante, que es nombre epiceno, así se desconoce el sexo del humano y no se habla de competencia o incompetencia emocional ligada al género) sólo quería saber si yo estaba al otro lado. Estaba, claro. Cómo no estar. No se trata de una especie de adicción a la ayuda como tiene la Doctora Cameron, ese personaje de House a la que lo que le ponía era precisamente lo de cuidar a la gente. Tengo bastante claro que ese no es mi caso. Porque para que puedas cuidar de alguien, o cuidar a alguien – hay quien tiene delirios cuasimesiánicos y no cuida, sino que salva – esa persona tiene que tener encima una desgracia. No puedo realizarme con la desgracia ajena, lo siento, por muy reduccionista que parezca el argumento. Probablemente lo sea.


No me alegra que estés triste, comunicante. No me alegra tener que estar. Me gustan las mañanas de domingo contigo, al menos cuando podía verte. Y sobre todo me gusta tu capacidad de sobreponerte. Me parece hasta refrescante comparado con quien se regodea en su propia tristeza, que también los hay. Digo regodear, sí, porque no me refiero a quien está triste o es desgraciado, sino a quien adopta la ausencia de alegría como pose existencial. Parecen orquídeas, que hacen la fotosíntesis por las raíces. Hay que ser un vegetal retorcido.


Heredé una orquídea de Miss Sarajevo. Son plantas delicadísimas: necesitan un tiesto transparente para hacer la dichosa fotosíntesis por las raíces, unas raíces que no tienen pelitos como las de las plantas normales, sino que son una especie de cañerías blanduchas verde descolorido. La estoy cuidando con todo el cariño del mundo: la fertilizo, podo y riego por inmersión. La orquídea parece regodearse en su propia rareza mientras se bebe el líquido de un bol de cristal. Parece que dijera: soy rara, especial, y me cuidan más que a vosotros, plantas sin claseme molo a mí misma. Mientras, me mira a mí y me dice: y ten cuidadito, rica, que como me dé la gana me muero y te vas a enterar.


Así amenazan las personas que quieren estar tristes, esas de la pose. Como la orquídea déspota, mientras apoyan el dorso de la mano en la frente en un gesto digno de una damisela del siglo diecinueve. Te piden ayuda y al minuto retiran la mano. Te vierten dentro sus fantasmas – a eso yo le llamo vertederismo emocional – para decirte a continuación que no van a cambiar nada.


Sólo les falta afirmar que tristes están mejor.


Otros, como mi comunicante, querían saber si andaba por ahí. Así que contesté:

Para mi desgracia, es una sensación habitual. Pero dicen que es buena para el espíritu creador. Jajajajaaja. Sigo aquí.


Y mi comunicante respondió que mis besos valían doble. Pues claro. Para eso estamos.


No te transformes en orquídea, por favor.


2 comentarios:

ETDN dijo...

Ay, qué regenerador leerte,a las 5.21 de la madrugada de un viernes (nunca sé si en realidad la madrugada es la del sábado porque para mí, hasta que no me acuesto, sigue siendo viernes, siempre discuto por esto con mis compis de curro, en fin...).

Con algún hombre-orquídea me he cruzado y desde entonces decidí abandonar la botánica. Mejor buscar un jardinero que me cuide a mí.

besos

Kika... dijo...

Estoy contigo, ETDN. Aunque no sé si buscar un jardinero o alguien que simplemente sea consciente de que los seres humanos - excepción hecha de las orquídeas - no somos vida vegetal...

besitos
K