17 septiembre, 2008

Café del Presi




Mi amigo el Presi es una de las personas con mayor visión de negocio del mundo mundial. Yo lo conocí en Inglaterra el verano en el que planeaba dominar el mundo. La clave de su plan era patentar el pan tumaca y venderlo bajo la forma de liofilizado en los mercados internacionales: no podía permitir que el mundo se perdiera un alimento tan bueno. Con su denominación de origen y todo.


El Presi se llama así por sus dos ídolos principales: Jordi Pujol, Honorable Presidente de la Generalitat de Cataluña, y José Luis Núñez, Presidente del Barça. Un buen día, decidió salir de su Barcelona natal porque obtuvo una beca de movilidad interautonómica para ir a terminar la carrera a otra Comunidad Autónoma. Decidió solicitar Madrid, la Universidad Carlos III, y las autoridades, que son muy sádicas, le concedieron el campus de… ¡Colmenarejo! Eso está en mitad de ninguna parte, con todos los respetos y sin exagerar. Pero el Presi se vino tan contento: lo metió todo dentro del coche y a Colmenarejo city. Hala.


La llegada a la Residencia debió ser un shock. Aquello estaba lejos de todo. Bueno, sólo estaba cerca de la Universidad. Lejos de venirse abajo – después de todo, él estuvo a punto de comercializar el pan tumaca liofilizado – pensó en la mejor manera de adaptarse. Y encontró una posibilidad de negocio.


El supermercado más próximo estaba en el pueblo de al lado, Galapagar. Cada vez que el Presi iba a hacer la compra con el coche, la gente le llenaba de encargos y cosas similares. Estaba hartito. Así que decidió montar una tienda ilegal en su habitación de la Residencia, aprovechando que no había demasiados estudiantes y por lo tanto, tenía espacio libre. Su cuarto de baño se transformó en un nada improvisado super donde encontrar pasta de dientes, gel, vino de brik, refrescos, condones o lo que se terciara. La idea tuvo un éxito clamoroso: ya no había que coger el autobús hasta Galapagar para comprar las cosas, ni hacerle negocio a la tienda universitaria. Todos contentos.


El remate vino el día en el que decidió ampliar el negocio. Aprovechando la asiática paciencia de sus vecinos de habitación – siempre hemos pensado que alguien confundió al Presi con un estudiante de intercambio, condenándole a vivir en la parte de la Residencia conocida como Chinatown, donde habitaban los japoneses – abrió un bar. Pero no un bar cualquiera: un chill-out al mejor estilo ibicenco, porque no en vano el Presi fue durante muchos años relaciones públicas de Pachá Ibiza. Con unos cócteles igual de buenos que los del mítico Café del Mar, vistas sobre la serrana puesta de sol colmenarejeña y conexión por webcam con personas tan interesantes como la hermaníssima, el éxito estaba asegurado. Y manteniendo la tienda del baño: podías tomarte algo mientras comprabas pasta de dientes.


De ahí al estrellato de los negocios. El éxito fue impresionante, y el Presi tenía la habitación permanentemente llena de gente bailando, mirando por la ventana o viendo qué se cocía en el mundo vía Messenger. Al final, sólo faltaba el nombre del garito, y se lo puse yo. Café del Presi, claro. El Presi, encantado.


Con deciros que vino para un año y se quedó cuatro…



La foto… el auténtico recopilatorio Café del Presi, compiled by Kika…


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