13 agosto, 2008

Generalizaciones, odiosas generalizaciones

Suelo generalizar – creo que como todo el mundo – para tranquilizarme o comprender mejor las cosas, porque el cerebro tiende a funcionar de manera más clara cuando etiqueta y coloca todo en lo que cree que es su lugar.


En mi caso, la frasecilla que ocupa el top generalizaciones es todos los tíos son iguales. Es facilísimo aplicarla a diestro y siniestro, te limpia la conciencia… aunque como toda estrategia simplificadora, sólo sirve para aplicarla sin pensar. Porque si después te pones a pensar, es mucho peor. La cadena de frikismos suele empezar en claro, si es que todos los tíos son iguales, para pasar a preguntarme si lo sabes, ¿de qué te sorprendes?


Así que generalizar sólo proporciona un alivio rápido, el que nos daría, digamos, decir que un erizo y un gato son iguales. Claro que al minuto los miras, al segundo minuto empiezas a pensar, y tres minutos después la seguridad y tranquilidad que te proporcionaba el estereotipo se transforma en un resquemor que se hace enorme y no te deja respirar. Se ve cómo hay cosas que se hacen mejor y otras peor, y que dentro de lo que se hace peor, hay diferentes maneras de actuar. Desbordada la generalización, te das cuenta de que todas las preguntas quedan por hacer.


Contra las generalizaciones, duchas de verdad. Alguien tiene que venir y dártelas, aunque duela, aunque incremente la confusión. No todos los tíos son iguales. Uf. Eso me lleva a llorar por la noche.


Menos mal que alguien siempre te echa una colcha por encima para que puedas conservar la dignidad. O algo. Y te recuerda que no todos son iguales, que no todos somos iguales. Que pocas cosas son lo que parecen. Que nada es tan sencillo, y por eso una generalización no captura nada. Y menos aún en mi caso, porque más que por las diferencias sustanciales, me guío por los matices.


Esta noche he deseado con todas mis fuerzas ser capaz de leer exactamente el interior de algunas personas y saber cómo de importante soy en su vida. Más que nada, por saber si su importancia en la mía encuentra algún tipo de correspondencia.


En cuanto se lo dije a Lady K, ella contestó, con toda la razón del mundo…

- Kika, cuidado con lo que deseas.


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