24 agosto, 2008

Es mi Scatergories y me lo llevo

Que no, que no, que no es lo mismo. Que no tiene nada que ver. No trates de ganarme en un pulso dialéctico porque soy mejor negociadora. Fíjate que mi madre nunca pudo ponerme hora de llegada: siempre rebatía sus argumentos y al final terminaba decidiendo yo hasta qué hora podía trasnochar. Y convenciendo, que tiene más mérito, no como tú, que es por agotamiento o desdén del contrario.


La clave de la argumentación son los buenos argumentos. No tiene más. Ni menos. Estoy harta de tus es que soy así, como si eso te diera patente de corso para hacer lo que te diera la gana. Pues no. Porque ante cada es que yo soy así te encuentras con un es que yo soy así también, un muro de hormigón que impide toda argumentación.


No te das cuenta de que podríamos argumentar por deporte, debatir por placer, cambiar constantemente de campo porque lo divertido es colisionar constantemente contra las redes de la opinión. Pero ya nadie debate, como mucho discuten para tener una excusa por la que estar cabreados para siempre, para dejar de hablarse.


No me van tus ideas, porque son sólo las que están de moda. Paso de tus excesos verbales, de tus absolutos infantiles, de tus vacuidades. Lo son. Sólo palabras enormes que suenan a cascabeles huecos en tu voz.


A mí antes me encantaba debatir, ahora sólo me provoca pasividad. No contesto porque todo podrá ser utilizado en mi contra.


Pero la razón no te la doy, porque no la tienes, porque está en mi mano concederla o no.


Por mucho que sea tu juego. Claro, es tu Scatergories y te lo llevas.


Pues llévatelo.


Porque no pienso aceptar pulpo como animal de compañía.



[lo escribí después de hablar con Lady K sobre cierta persona, aunque la verdad es que sería aplicable a muchas otras… sé de lo que me hablo, soy campeona de debate…]


2 comentarios:

NáN dijo...

Discutir, ¡qué placer ya tan lejano! Ahora se ha cambiado por eso de "respeta mi opinión". ¡y una mierda, convénceme! Sale un filósofo en un programa de TV y al otro lado hay un profesional de la prensa rosa o amarilla y dice "Es mi opinión, debe respetarla". ¿En qué se basa esa opinión, en que uno ha reflexionado años y otro tiene regurgitaciones de la resaca?

Y no estoy diciendo que por fuerza el filósofo haya de tener razón: lo que tiene es que fundamenta lo que dice, por lo que da la opción a que se le contradiga.

Y lejos ya de la verdad, para acercarme al placer, tuve un cuñado que ya murió y salíamos a tomar copas en el pueblo. Al llegar a casa, hacia las dos, en la cocina siempre acabábamos discutiendo de la manera más perra (normalmente de cosas relacionadas o con el arte o con la hipocresía de la vida). L se acostaba y él y yo seguíamos hasta el amanecer. A veces parecía que nos fuéramos a romper la cara.

De pronto, uno decía: "¡Qué tarde! ¿Hacemos unas tostadas y nos acostamos?"

Siempre me acosté pensando que él tenía mucha razón. Y él me confesó una vez que lo hacía pensando lo mismo de mí.

Pero esos placeres han ido desapareciendo: en cuanto en el debate metes lo personal (y no hay modo de no hacerlo), el otro se enfada de verdad.

Kika... dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo, NáN. Pero deberíamos recuperar la argumentación como deporte. Sin argumentos ad hominem, claro...

muchos besos y mucha magia!
K