27 agosto, 2008

Agosto en Madrid (XIV): Abstinencia de mar


El lunes por la noche me desperté a las cuatro y veintitrés oliendo a mar.


A mi mar inmenso, a ese que se aloja bajo mi ombligo y me recuerda que sólo con mirarlo soy feliz.


Me llevó dos minutos exactos darme cuenta.


Eran las cuatro y veinticinco y estaba en Madrid.


Fui tan tonta que llegué a pensar que no sabía fotografiar mi mardecielo, la espuma sobre las rocas, las olas rompiendo y los borregos en alta mar. Un vistazo rápido a mi archivo me ha recordado que claro que sé. Que ya sabía el año pasado con la IR-500, con sus cuatro dignos megapíxeles, sin objetivos, ni enfoques, ni encuadres, ni Photoshop. No he podido reprimir una sonrisa que, al mezclarse con una lágrima, me ha vuelto a traer el sabor a sal.


Medianoche y estoy en Madrid, asfixiada.


Quiero mi dosis de mar.


… y todo el ruido del mar huele a ti…

Hazme reír, Paco Bello



Este jueves...

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