21 agosto, 2008

Agosto en Madrid (XI): ¿Te acuerdas de aquel día?

Hoy es un día de extrañas coincidencias.


De personas que llegaron tres minutos tarde y no pudieron facturar. Me imagino perfectamente sus caras de enfado ante el mostrador – he trabajado en el aeropuerto muchos veranos – y ahora veo sus rostros aliviados por no haber cogido el vuelo JK5022.


De una médico del Samur que fue rescatada de entre los restos carbonizados del avión por sus propios compañeros.


De tres niños pequeños que han salvado la vida milagrosamente, uno de ellos casi intacto, como en las películas. Pero les van a faltar sus padres o hermanos.


Del Pabellón 6 de IFEMA (otra vez), de las salas de urgencia de los hospitales que esperaban cientos de heridos y a las que llegó apenas una veintena, de la Dra Marta presentándose voluntariamente por lo menos a donar sangre, de nuestra gente del aeropuerto corriendo por el campo a rescatar, ayudar, a hacer lo que se pudiera.


Desde mi casa se veía perfectamente la columna de humo, llamé a la hermaníssima (que también ha trabajado en Barajas), y ella me dijo que sólo siete muertos (esa fue la primera cifra que se dio) era imposible. Que habría fallecido casi todo el pasaje, que si el piloto no llega a despegar habrían muerto todos. A continuación, llamó a su amiga Virgi que es azafata de Spanair, no fuera a ser que en ese vuelo trabajara alguien conocido.


- Kika, cuando Heavy estuvo aquí la semana pasada me dijo que había soñado con un accidente de avión. Yo pensé que era lo típico que se piensa antes de viajar. Ahora, ya no estoy tan segura…


A la hermaníssima y a mí nos encantan los aviones. Durante una larga temporada, yo quise ser piloto. Las dos hemos trabajado en el aeropuerto. Por eso sabemos que son muy seguros, pero que cuando un pájaro se cae, las consecuencias suelen ser terribles.


Creo que el de ayer será uno de esos días como el 23-F, el 11-S o el 11-M. Todos los que estábamos en Madrid en agosto nos acordaremos perfectamente de qué hacíamos el día del accidente de avión. Y cuando se depuren responsabilidades, se sepa qué ocurrió exactamente y se entierre a los muertos, volverá una reivindicación histórica de la zona de la ciudad donde yo vivo, muy próxima al aeropuerto. Un hospital en la zona este de Madrid. A ver si la Comunidad de Madrid toma nota.


Aunque sea ahora.



La foto… del monumento a las víctimas del peor accidente de la historia de la aviación civil española, el sucedido en el aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife. Dos Boeing-747 colisionaron el 27 de marzo de 1977. Fallecieron 583 personas, que ahora son recordadas por esta Escalera de caracol.


2 comentarios:

Ager dijo...

"Mata más gente el tabaco que los aviones..." No se porqué se crea esta psicosis colectiva después del accidente. Desde luego que es un accidente espectacular del que los medios han hecho un espectáculo, pero comparando datos se vería que en 2007 murieron en accidentes de tráfico 2741 personas eso es más o menos como si se caen 20 aviones. Sin contar los que quedan inválidos, sin embargo nadie parece preocuparse cuando se pone al volante y nadie se acordará del fatídico verano de 2007 ni se hará un monumento.

En fin, que se puede caer un avión, incendiarse tu casa mientrás duermes o caerse una maceta mientras pasas debajo de un balcón, pero claro eso no es espectáculo.

¡Volemos!

Kika... dijo...

Cierto es que la cobertura informativa de este tipo de acontecimientos puede llegar a provocar una psicosis colectiva o algo peor, aunque claro, ya sabemos todos que el miedo es libre, e incluso sano, siempre que no paralice.

Lo que ocurre es que el efecto psicológico de un accidente de aviación civil es devastador porque suele morir mucha gente de golpe, en circunstancias terribles y eso afecta de manera significativa a la percepeción de seguridad de ese medio de transporte. Las percepciones son sensaciones interiores, que por mucho que estén basadas en hechos están dentro de nuestras cabezas y, por tanto, son libres también.

Lo que sí que espero es que este accidente tenga algún efecto positivo: como el de los Rodeos, que hizo que reformaran el aeropuerto (si bien es cierto que sigue dando bastante miedito), o los sucedidos en Mejorada del Campo o Barajas, que redundaron en mejoras de radares y aviónica, sin olvidar el luctuoso accidente del Yak-42, gracias al cual ahora las víctimas de este tipo de catástrofes se identifican sin dejar lugar a dudas.

No tengo miedo a volar, o al menos no tengo más miedo del razonable, aunque entiendo que después de un accidente así las personas puedan tenerlo. Creo también - y en eso me parece que estamos de acuerdo - que los aviones son seguros, pero que hay que seguir trabajando desde todos los ámbitos para evitar en lo posible los accidentes.

muchos besos,
K