17 agosto, 2008

Agosto en Madrid (X): Tierra de por medio, pero no tanta

En efecto, mi querida Síl. Puse tierra de por medio el día 15 muy pronto por la mañana. A toda velocidad, haciendo caso omiso de mis propios consejos: el KikaPicanto puede ir a más de 120, aunque es cierto que la cosa tenía poco peligro porque conozco muy bien el camino y además por la carretera no iba ni Clifford. Así que bien. Excepto que al batido que me compré en la gasolinera – por desayunar algo – le dio por salirse. Y claro, al llegar a la sierra, fue salir del coche con los ojos algo hinchados y la camisa como si hubiera matado a alguien con sangre marrón y encontrarme con los ojos de mi madre que me miraban como si fuera una aparición.

- Aquí estoy – dije.
- Has llegado muy rápido, hadita.
- Sí. Y eso que antes de salir he tenido que ir a echar gasolina.

No preguntó nada más.

Tato fue el segundo en verme. Soltó uno de sus Kikaaaaaaaaa con muchas aes, vino corriendo como un loco, se me subió encima como un monete (así lo llama él) y me abrazó y me dio miles de besos. Pensé que ya eran dos personas que se alegraban de verme y enseguida llegaron más en rápida sucesión, la primera, LuLi, que me preguntaba por Colgate, un caballo que no es nuestro pero como si lo fuera.

- Kika, se lo han llevado. Ya no está. Estoy preocupada porque tengo una caja llena de terrones de azúcar que no sé a quién se la podremos dar.
- LuLi, estoy segura de que tiene que estar por alguna parte. Investiguemos.

Como si hubiera estado rezando para que algo me sacara de la tristeza y el tedio, la búsqueda de Colgate me vino como caída del cielo. Efectivamente, en su campito no estaba. En el campito de al lado, nada. Empecé a temer que Colgate hubiera desaparecido de verdad, que le hubiera ocurrido algo malo – cuando estoy en mode ceniza no hay quien supere mi capacidad como guionista dramática – y que el momento mierda tuviera como colofón un momento aún peor, con LuLi llorando.
Menos mal que no. De pronto, al enfilar una callecita mientras gritábamos Colgate, Colgateeeee (con muchas es, claro), oímos ruido de cascos. LuLi gritaba es él, es él, aúpame, Kika, que no lo veo bien con la tapia, mientras nos abrazábamos y hacíamos una especie de danza de la lluvia en plan desaforado.

Comimos todos juntos en un lugar precioso lleno de orquídeas que me recordaron a la que he heredado de Miss Sarajevo y me pusieron definitivamente de bien humor. Bueno, eso y la animada conversación, porque la comida se convirtió en una especie de competición por parte de Tato y LuLi de quién hacía la cosa más graciosa.

Fue en ese momento cuando mi madre dijo:
- ¿Por qué no vamos al pub ese del pueblo donde hacen actuaciones de humor y magia?
- Mamá, no, porque las actuaciones empiezan muy tarde, y además, yo no estoy para fiestas. Como no sea por Luis Piedrahita, no me muevo de casa. Ni de coña, que estoy cansada y hasta las narices.

Cuidado con lo que deseas, me dice Henar. Me lo dice siempre. Y esta vez me lo habría repetido. Cuando volvíamos a casa, LuLi decidió que se venía conmigo a dormir la siesta y contarme una historia terrible de una tarántula que había en su casa. Pasamos por delante del pub, y, de pronto, mi ahijada gritó:
- Kika, mira, creo que ahí en el cartel pone algo de Luis…
- ¿Luis Piedrahita, LuLi?
- No sé, Kika, tengo ocho años y no sé leer tan rápido.

Frené el coche, aparqué y salimos corriendo…
- Pedra… pedria… piedra…
- ¡Piedrahita, LuLi! Dios mío. Esto es una señal...
Cada vez que digo esa frase la niña me mira como confirmando mi estado mental alterado.

Así que esa noche mi madre y yo nos escapamos de casa a las doce como si fuéramos quinceañeras de un campamento (con linterna y todo, que ya sabe Lady K que yo en la sierra siempre llevo linterna), para evitar las preguntas de mi abuela (que, por cierto, menos mal que está tirando a sorda y no se enteró). En el pub había más de 200 personas esperando ver a LuisPi, mi madre encontró una silla y yo me quedé de pie el espectáculo completo. Pero no me importó. Me reí tanto que una vez casi me caigo. Me sorprende que me haga tanta gracia porque Lady K me ha regalado sus libros de monólogos y me hizo un disco (sí, sí, un CD) con sus mejores actuaciones.

Lloré de risa mientras recordaba el otro llanto, el malo, el de dolor.

A la mañana siguiente, Tato me dijo:
- Kika, estás mucho más contenta, ¿verdad?
- Sí. Es que ayer al final me fui a ver a Luis Piedrahita, pero no se lo cuentes a la abuela, que no lo sabe.
- Pues Kika, creo que le escribiré a ver si quiere ser tu novio. Es que yo quiero ser padrino de boda - Tato lleva una temporada muy preocupado con que en la familia no hay bodas – No te preocupes, que le mando una foto tuya y seguro que te da su teléfono…
- Gracias, Tato. Y si me caso, tranquilo. Tú serás el padrino.


Amigo coraje… Shhhhhh… gracias…

5 comentarios:

Kika... dijo...

El header está en obras... pero bueno, de momento así se queda...

muchos besos...
K

Queens dijo...

he vuelto, mucho animo!! si quieres quedamos y nos tomamos ese helado que nos debemos
besos de todos los colores

Henar dijo...

Yo también he vuelto. Para lo que quieras y cuando quieras, ya lo sabes. Sigo con jornada de verano, así que tengo las tardes medio libres. Joé. LuisPi nada menos. Guau.

Besos!!!!

H

Jaco dijo...

¿Y Colgate se comió todo el azucar?

Parece que ha sido un buen fin de semana. Me alegro :-D

Un beso

Kika... dijo...

queens... mi finde fue peor que el tuyo, seguro... que ya sé que has arrasado por las fiestas patronales de este nuestro país... ji ji ji...

henar... viva LuisPi... el efecto LuisPi es terapéutico... y el efecto Henar, pues ya ni te cuento...

jaco... Colgate se comió sólo un poco de azúcar porque no creo que sea bueno darle toda... no veas lo bonito que es: blanco (bueno, se dice tordo cuando es un caballo) y muy simpático... ahora, no me preguntes por qué se llama así: se lo ha puesto LuLi...

muchos besos a todos,
K