10 agosto, 2008

Agosto en Madrid (VI): Esto no es un poeta


Tengo un tío que es poeta. Con su barba de poeta, su voz pausada de poeta, su actitud mega-zen de poeta y todos los poetismos que uno se pueda imaginar. Por el día trabaja en una empresa de relojes, pero es poeta, porque lo de ser poeta es una actitud, creo.


Quiero decir que con creerte que eres poeta ya lo eres, y no hace falta escribir ni una línea. Así soy, con cero actitud de poeta, no lo uso ni para ligar porque siempre me parece que será así:

- Hola… ¿cómo te llamas?

- Me llamo Kika.

- Kika… ¿y qué haces con tu vida?

- Pues… soy poeta.

- Pues súbete la bragueta.


Y claro, eso de erótico-festivo, nada. Además los poetas tienen el marchamo de locos (bueno, eso sí que lo estoy un poco), de beber whisky (como todos los escritores, porque la borrachera de whisky es depresiva y melancólica, yo odio el whisky) y de ser raros, malos y peligrosos de conocer (como decían Lord Byron, siempre debidamente citado por Dylan, el chulazo malote de Sensación de Vivir).


Yo no soy poeta, yo hago poemas.


El caso es que cuando dejé el taller, mi madre me dijo que me fuera con mi tío a sus tertulias literarias en las que se reúne con versistas de diverso pelaje. Que era una cosa de poetas y quizá me lo pasaría bien. Aunque me lo dijo con una cara de no tenerlas todas consigo, porque claro, tengo vocación de outsider literaria, porque no me considero ni parte de la literatura… y no tengo actitud de poeta, que eso es muy necesario para esos eventos.


Así me va, claro, editando grandes tiradas de un ejemplar en fotocopias.


El caso es que antes de ir a ningún sitio con mi tío poeta, decidí leer lo que escribe. Y me pasó algo muy raro. No sólo no me gustó, sino que pensé que sus poemas eran… cómo decirlo… mejor lo suelto a calzón quitado… pues malos. Vamos, que algo dentro de mí, lo mismo que me dice que me gusta lo que escribe Lara Moreno, o los sonetos de Gracilaso de la Vega, o lo que escribieron las manos mágicas de Daniel Filipe, o quien sea… pues me decía que no, que lo de mi tío poeta no molaba nada. Decía que es algo raro, porque habitualmente pienso que mi poesía es una ful, y por lo tanto casi cualquier cosa es mejor.


Por otra parte, me tranquiliza. Estoy empezando a tener criterio. Eso es bueno, sin que haya que creerse poseedora de la verdad absoluta o de un gusto infalible. Qué va. Pero creo que está bien que haya cosas que no sólo me gusten o no, sino que me parezcan mejor o peor escritas. Aunque al final en materia de poesía creo que se trata de que te llegue o no.


Porque los poemas, y esto se lo decía la semana pasada a una persona que escribe poesía maravillosa, sólo tienen una obligación. La de ser bellos. La de recoger, incluso, la belleza de lo feo, de lo siniestro, de lo repugnante, incluso de lo que sale de los aromas del váter.


Y si lo bello está bien escrito, pues mejor que mejor.



Estrenando mi criterio… recomiendo el libro de poemas de Paco Bello, El olor del bosque ha roto mi computadora (en la Casa del Libro lo tienen, creo). A mí me lo recomendaron y me ha gustado mucho. Soy de las que marcan los libros a lápiz, así que dejo aquí un verso de los que he subrayado, de un poema que se llama Te lo susurro al oído (espero que el autor me lo preste):


Sin viento

es tan fácil enredarse de angustia, mentirse ovillado.


(puffff)


Y por cierto… ya sé que llevo días sin responder a los comentarios… a partir del lunes iré haciéndolo: no me gusta dejar nada sin contestar, pero es que no he tenido tiempo…


2 comentarios:

NáN dijo...

Conste que también funciona lo de "soy poeta", "pues bájate la bragueta". Lo digo por biografías que he leído.

Kika... dijo...

:)

(lo pensé cuando lo escribí, pero no veo a mis interlocutores diciéndome eso a mí... ¿será por lo de ser chica? mmmmm... o por la escasa actitud poetil...)

muchos besos, marinero Nán,
K