04 agosto, 2008

Agosto en Madrid (I): Mens sana in corpore… insepulto




No mola quedarte en agosto en Madrid, bueno, no mola nada si te quedas por obligación. Otra cosa sería, supongo, si te quedas aquí porque te da la gana o similar. Lo único positivo es que a los agraciados con vacaciones en esta época les das un poco de pena, así que te prestan lo que no van a usar durante este mes. Mi madre me presta la plaza de garaje (será agosto pero en mi barrio no hay quien aparque por las mañanas), mi tito su casa con aire acondicionado (lo que está muy bien pero no es práctico llevarme el temario de chorrocientos archivadores todos los días, además su casa está en zona de parquímetro, pero se agradece el ofrecimiento), HeavyCuñao su local de ensayo (aunque tenga que venir conmigo porque no sé encender las cosas) y la hermaníssima su tarjeta del gimnasio.


El gimnasio. Ese gran desconocido. Es que a mí lo del culto al cuerpo y todo eso se me ha pasado. Lo que tengo es lo que la autoridad competente y la mezcla genética me han dado. Nada de machacarme, que me da pereza. A mí, de ejercicios físicos sólo me gustan caminar por la calle y… patinar (ji ji ji). Además, el gimnasio hay que pagarlo, y yo oposito, es decir, que ni un duro. La hermaníssima curra mucho y se lo paga con el sudor de su frente…


La hermaníssima me ha dado instrucciones. Porque la tarjeta, claro, es personal e intransferible, y yo no soy ella, así que tengo que hacer que soy ella. Vaya lío. Si yo no tengo ni idea… Ella me tranquiliza y me dice que no se van a enterar de nada, que pase la tarjeta por el lector y ya está.


Abren a las siete de la mañana. Pues me voy prontito y luego aprovecho para estudiar. Mierda. Me he despertado tarde. Las ocho. Bueno, aún estoy a tiempo. Me visto y voy para allá.


Sí, porque el modelito es muy importante. ¿Qué me pongo yo ahora? Diossss. La hermaníssima tiene modelos esportivos de esos bien majos. Y además le quedan de lujo: tantos años bailando han hecho que las mallas y el chándal parezcan modelitos de alta costura. Chándal no, que hace calor. Los pantalones cortos, descartados, que estoy sin depilar y me da corte, por mucho que diga la hermaníssima que en el gimnasio cada uno va a lo suyo, y que como si tengo unas piernas dignas del Yeti. Camiseta de tirantes… no está limpia. Ay madre qué complicado es esto. ¿Y leggings? No, no, leggings no, que luego me deprimo porque me veo el culo gordo.


En ese momento, mis ojos han caído sobre… un pantalón negro de pijama. Perfecto. Esto es comodísimo, y nadie tiene por qué saber que son de pijama… ¿no? Así me aseguro que las costuras no se me clavan. Y además es negro, que adelgaza. Complemento el look con una camiseta negra del Carrefour, cinta del pelo negra también (homenaje a Jane Fonda, esa reina glam de los gimnasios) y zapatillas de deporte con cordones negros. Si no fuera porque no encontré calcetines del mismo color y me tuve que poner unos azul chillón, habría parecido la entrenadora personal de Ozzy Osbourne.


Vale, ya está. La botellita de agua, que no se me olvide. A poner cara de socia del gimnasio de toda la vida.


Primera trampa (ya sabía yo que habría). Se me olvida dar la tarjeta de la hermaníssima para coger las toallas. Me la piden (ya me han pillado, ya me han pillado). ¿Dónde está? Si la llevo colgando del cuello con una cintita… calma, Kika, calma.


La trampa número 2… las taquillas. No funciona ninguna. Me doy cuenta de que hay que meter la tarjetita de marras para que funcionen. Pues ni por esas. Al final, justo cuando pensaba que me iba a tener que llevar el bolso a hacer gimnasia también, he logrado cerrar una. Hago nota mental para usar la misma mañana. Qué bien.


Mi régimen de ejercicios, prescrito por la hermaníssima, es veinte minutos de bici y veinte minutos de cinta. Menos mal, porque el resto de las máquinas parecen instrumentos de tortura inventados por Judas y no sé ni para qué sirven ni cómo se usan. Hala, a correr. Las cintas tienen una tele para que puedas ver AnaRosa o similar, lo que mola bastante. No llego ni de coña a las 150 pulsaciones que me ha dicho ella, pero bueno, es el primer día, ¿no?


Y después de terminar, el premio. No os he dicho lo mejor. El gimnasio está en un centro comercial, así que para desayunar (y de premio) me he atizado una bebida de esas del Starbucks que llevaba caramelo (veneno puro), leche entera (colesterol en vena) y café (sin descafeinar). Me daba igual, porque las máquinas del gimnasio me decían que he quemado chorrocientas calorías, así que se compensa. Encima he entrado en una tienda (ya eran las diez, acababan de abrir) y me he comprado un vestido monísimo.


Me comunica ahora mismo la hermaníssima desde su retiro en la Pérfida Albión que si no he hecho las 150 pulsaciones no he quemado nada de nada. Por mucho que haya sudado.


O sea, que al gimnasio se va a:

a) perder cinco minutos cerrando la taquilla

b) ponerse pantalones de pijama sin que nadie lo sepa

c) beberte un café asesino del Starbucks

d) palmar dinero porque terminas pecando en las tiendas del centro comercial

Pues qué divertido, ¿no? A mí me ha encantado. Vuelvo mañana, para mantener las endorfinas circulando (repito el plan, menos lo del Starbucks y lo de comprar, que no soy millonaria). Que en septiembre ya no me podré colar más.



[el vídeoclip es Call On Me, de Eric Prydz, pero os lo advierto: el gimnasio no es así ni de coña… así que si alguno pensaba apuntarse por encontrarse tías en tanga… que sepa que lo que se va a encontrar es a Kika en pijama…]


4 comentarios:

La hermaníssima dijo...

Jijijiji!!!Ese cuerpo danone! tú aprovecha que como me han pasado el recibito de marras ya.
Oye que tb hay solarium, asi que a lo mejor te pones morena y todo

Queens dijo...

Ya he vueltoo como la falsa moneda, si quieres quedamos.
Un besazo and be happy

Q

Kika... dijo...

sisterissima... ya estoy aprovechando, ya... aunque no sé si tengo el corazón fatal o no me entiendo bien con tu pulsómetro...

queens... ole ole ole... ya has vueeeelto (como los de Poltergeist) ji ji ji

besos a las dos
K

carlos dijo...

Pues a mí sí me mola agosto en Madrid, Kika, que hay gente suficiente para divertirte pero sin los agobios del resto del año. Cuando trabajaba por cuenta ajena y podía elegir, siempre me tomaba "vacaciones" dentro de la oficina en agosto (salía diariamente por la noche, por el día no tenía casi trabajo y me dedicaba a desayunar largamente, leer el periódico, hablar con las compañeras de la oficina y otros quehaceres parecidos) y vacaciones ya oficiales fuera de la oficina en septiembre. Ahora ya no puedo... no me queda más remedio que tomarme vacaciones en agosto sí o sí. Los juzgados cierran en agosto. Y para esto de las vacaciones tengo un jefe muy capullo: yo.

Yo lo más parecido que hago a algo que pueda considerarse cercano al deporte, aparte de andar, es piragua en las mansas aguas de las Hoces del Duratón de tarde en tardísimo. Y luego comemos cordero en Sepúlveda para recuperarnos, no sea que hayamos quemado alguna caloría por casualidad.