30 julio, 2008

Torniquetes en el alma


… y ahora te crecerás,
porque eres fuerte,
y me abandonarás
aquí a mi suerte
y te equivocarás,
como haces siempre,
¡niño estúpido!
Niño estúpido, Alejandro Martínez


El martes fui a clase de francés al lado de Plaza de España, y de pronto me sentí pequeña. Muy pequeñita.

Me he sentado a escribir convencida de que estos días no he hecho nada demasiado interesante y por lo tanto, digno de post de lo cotidiano y lo kikeliano, aunque no es verdad, porque por lo menos he visto una exposición interesante (o no), y creo que me apetece contarlo. Me he puesto a escribir pensando que me iba a salir otro texto de esos de los espejos del callejón del Gato, que por si alguien se pregunta qué cuernos es esto de las etiquetas de los post, los textos que llevan abajo al Gato y al callejón son esos que actúan a modo de reflejo de lo que soy, no sé si son los más personales, porque al fin y al cabo aquí es personal casi todo, muy personal, personal de preocupar, incluso.

Pero no quiero mirarme otra vez en los espejos. Al menos de momento. Es que cada vez que me devuelven mi cara de verano – que es muy parecida a la de invierno, porque soy de piel clara, que no pálida, porque suelo tener eso que mi madre llama chapetas y otros coloretes – me pongo un poco triste y me dan ganas de llorar. Ganas de llorar que me duran más de un minuto, así que son de las malas, de esas que tengo que afrontar y darme instrucciones en contrario. Para que se vayan, para que se vayan, como diría el Hombre Gato. Como he descubierto que los espejos me asustan o me entristecen (no sé si las ganas de llorar son de miedo, tristeza o rabia, aunque probablemente se trate de una mezcla de las tres), he decidido no mirarme una temporada, y no mirarme es no escribir nada que claramente se pueda clasificar bajo esa etiqueta.

Tengo una especie de conciencia anticipada de abandono, una preconcepción de pérdida. No sé demasiado bien por qué, pero la tengo.

Y de un abandono en futuro, a uno en presente. Desde hoy soy ex–tallerista literaria. Bueno, no sé si se deja de ser del taller, me imagino que sí. En cualquier caso, llevaba una temporada sin ir, y como ha dicho Nán, parece que era una cuestión anunciada. Me marcho y no sé si esperaba condolencia. No. Creo que no. Es sólo que estoy baja de forma.

No me voy de los sitios para echarlos de menos.

Aunque a veces me voy y termina doliéndome, mejor dicho empieza doliéndome y termina igual, lo que quiere decir que en el fondo no termina, supongo.

A partir de mañana, de nuevo seré cotidiana, kikeliana, musical, friki (a ratos) y lo que sea. Lo que pasa es que estos espejos también son Kika. Y ahora Kika va por la calle, en lugar de sonriendo, como si tratara de contenerse una hemorragia emocional. Con un torniquete en el alma.

Me voy a quitar las vendas. Porque sigo empeñada en ser feliz.

Pero – merde alors – qué complicado es a veces.


De perfil… me he puesto una foto de perfil en la que estoy… de perfil. Como diría el mensO, es una de esas cosas que explotan, y en mi caso, más, porque siempre he estado convencida de que tengo un perfil espantoso…

7 comentarios:

Jaco dijo...

¿Pero no decías que no ibas a escribir nada clasificable en "los espejos del callejón del gato"? ;-)
A mi me gusta que lo hagas la verdad, pero es cierto que a mi me gusta casi todo...

No sé si es una pena que dejes el taller, pero sí sería una pena que dejases de escribir.

Un beso

La hermaníssima dijo...

Yo entrando por aqui para buscar un post sobre lo que hiciste ayer...

Henar dijo...

Kika, kika, kika es COJ***DA, como Kika, no hay ninguna!!!!

Beeeesoooos,

H

Microalgo dijo...

Me voy de vacancias, Dama Kika. Ya le cuento a la vuelta. Si pasa por el taller, besos por allá, que algunos me conocen (Peter, Marina, Aroa)

carmen moreno dijo...

Veamos... Pa'mpezá te mando un abrazo de esos que te hacen sentir un poco más grande, de los que te cuentan que ya eres grande.

Cuidado con los espejos del Callejón del Gato. Recuerda que sólo devuelven imágenes de esperpento. Y si te duele algo, si te escuecen las heridas, piensa que nos gusta mirarte.

Hágame el favor de dejar el taller si le viene en gana, pero no meseponga triste.

cerillasGaribaldi dijo...

En verano atacan la nostalgia y la melancolía, pero tus espejos del callejón y tu magia kikeliana me ayudan a combatirlas. Añoro Madrid y el frío por culpa tuya.

Te mando música y mis pensamientos para que mires al espejo de frente y lo fulmines.

http://es.youtube.com/watch?v=YRxCgiYjskM

Son los Little Ones, los "Pequeñitos"; te veo pequeñita en 3G pero con toda la fuerza e ilusión de tu magia.

Besos, Bob

Kika... dijo...

muchas gracias a todos por los ánimos...

ai lof yu!

besos y magia,
K