17 julio, 2008

Tirando del carro

Soy maruja. Le cruja a quien le cruja. Y a mucha honra. Tantos años estudiando la oposición de mis amores han hecho que pase mucho tiempo en casa, que mi parada del café sea para tomar un té viendo un ratito del Programa de Ana Rosa y que a veces prepare la comida – si me toca – viendo una de las diversas tertulias políticas que pueblan la tele en torno a la una de la tarde. Lo de trabajar así, a dos metros de la cama, tiene sus ventajas: se puede ir a exposiciones y centros comerciales a horas en las que hay poca gente, aunque claro, como por estudiar no pagan, pues voy a las tiendas y no me compro nada. Estoy a ver si apruebo sólo por experimentar la sensación contraria: tener dinero pero no tener tiempo para comprar. No se puede tener todo.

Entre mis excitantes cometidos mañaneros se cuenta el de ir a hacer la compra. No sé cómo me lo monto, pero pringo siempre: entre semana o en sábado, sola o acompañada. Y como todas las personas a las que les toca tan digna labor, rezo cada semana a ver si inventan ya las neveras auto-rellenables. Ir a la compra es odioso. Totalmente.


El caso es que habito un barrio en el que conviven dos realidades más que interesantes: la parte de mírame y no me toques, en la que se encuentra el supermercado laureado con el premio de ser el más caro de España… y mi calle, que cuenta con el Dia, ese autoservicio descuento (técnicamente se llama así) con superprecios apañados y productos de marca propia. Es el que está más cerca, así que si bajo a comprar yo sola, suelo ir ahí, porque así tengo que cargar mucho menos con las bolsas, y no es necesario desaparcar el coche ni nada de eso. Además, mi madre tiene la tarjeta del Club Dia y esa es mejor que la del Club de Campo o la de un club de alterne, porque te hacen descuento en un montón de cosas y además te dan unos cupones que luego nunca te acuerdas de bajarte y que te aseguran que si te llevas una lata de mejillones en escabeche picantes te regalan una de melva canutera.


Y cobran por las bolsas. Vaya.


Una amiga de mi tito, estadounidense, decía que California (una mítica cafetería situada en la calle Goya y que desapareció hace años, suplantada por un Zara) era el bar de las viejas y que el Dia era la tienda de las viejas. Es verdad. La edad media del público del Dia a la hora en la que yo bajo es de ciento treinta y ocho millones de años. Pero eso no es lo importante. Es la humillación a la que me veo sometida por los pensionistas.


Los muy malvados me tienen frita. Por mi carro de la compra. Y es que el carro es de hace dos siglos, que parece que fue el que usaban para ir a las tiendas antes de la rebelión del dos de mayo de 1808. Está bastante pasado, con unas manchas sospechosas de óxido por la tela y lo que es peor, no conoce el significado de la palabra ergonomía. Pesa como un muerto. Los viejetes de mi barrio me señalan y se ríen, porque ellos tienen carritos de carreras, con cuatro ruedas todoterreno, bolsillos auxiliares y lona de poliéster de primera calidad. En los suyos cabe todo, mientras que al mío siempre le tengo que hacer un anexo con una bolsa de plástico colgada por fuera (veáse la susodicha bolsa en la foto).


Me adelantan por la calle mientras yo arrastro el carrito. Me siento como Fernando Alonso cuando le adelanta Hamilton. Y, para colmo de males, siempre que le pido a mi madre que compre un carro nuevo, me dice:


- Ji ji ji… es verdad que está hecho un asco…


Pero no me lo compra. Digo me porque soy la que lo usa. Me estoy hartando de que me señalen y se rían en el Dia, que es verdad que no es el colmo del glamour, pero… una tiene una imagen que mantener.


Aunque sea en chándal de Hello Kitty.



Y esta noche de jueves… os recomiendo al mensO, un verdadero poeta de lo cotidiano (a veces hasta de lo kikeliano). Estará en el Costello a las 21:30h con su Banda del viernes, presentando su maqueta (que se puede descargar gratis en su web, la dirección está en el sidebar)… No os lo perdáis, porque es un concierto de esos que no me canso de recomendar y jamás quedo mal…


... además Víctor Alfaro le ha hecho recientemente una entrevista que se puede escuchar aquí...



8 comentarios:

Microalgo dijo...

Uh. Yo es que soy más del Mercadona (que está a tiro de piedra, si uno es lanzador olímpico de piedras, pero bueno, tiro de piedra al fin y al cabo).

Y a la zona donde vivo (circunstancialmente acompañado de la Legendaria Carmenmoreno y de la Dama Riudavets) se le llama socarronamente little Cái, porque es la parte de San Fernando a donde se ha ido la gente de Cádiz que no puede vivir en la Trimilenaria (precios abusivos, bajantes traidores, instalaciones eléctricas diseñadas por Judas). Así que la edad media de la peña... me temo que está por debajo de la mía. Mondo cane.

Besos, ojazos.

Niuqech dijo...

el marujeo es algo más que todo eso hombre, es una forma de pensar, es una forma de vida
digamos que tocas tan solo los aspectos más superficiales de la vida de maruja

Sibi dijo...

una Kika-maruja...
me gusta! ;p

ese carro tiene toda la pinta de haber sido adquirido en los 80 (recuerdo yo de cuando era pequeña uno similar)


besotes bajo la calima madrileña!


pd: y veo que os cuidáis con los 0% esos, jijiji

Marlon dijo...

El Mercadona y el Día no están mal, pero donde esté el Lidl... eso sí que un mundo aparte.

Saludos de uno que acaba de descubrir tu blog y que últimamente también está con vida de marujeo.

Kika... dijo...

microalgo... a mí también me encanta el Mercadona, especialmente la sección de perfumería... no te creas que yo vivo en un barrio superglamouroso, es más bien que queda relativamente cerca de una zona de esas de "chaletes" en la que viven futbolistas y similares. De ahí lo del supermercado hipercaro y el nombre del centro comercial que lo contiene: "El ChoriCentro"...

(ji ji ji)

niuqech... mi vida marujil está reflejada por todas partes, y tienes razón, este post es sólo una pequeña porción...

sibi... ja ja ja... en una casa con tres mujeres... imagínate, todo es 0%, sin cafeína, light... menos la leche, que mi madre se niega... si te ríes con las cosas de KikaMaruja, ya iré contando más (es que los supermercados me fascinan)...

marlon... ostraaas, el Lidl ya son las grandes ligas del hard-discount. Menudo sitio, ahí sí que se pillan ofertas. Y la bollería está buenísima... encantada de verte por aquí...

miles de besos y mucha magia,
K

Microalgo dijo...

En Cádiz había un supermercado (ya extinto) que se llamaba SIMAGO... y la gente de acá, con esa guasa característica, lo llamaba "SIMANGO".

carlos j. dijo...

138 millones de años y porque al entrar tú en ese momento bajas la media de edad, que normalmente es algo superior.

Yo no tengo ni carro (me lo tengo que comprar, por aquello de la ecología y gastar menos bolsas de plástico), así que me miran por encima del hombro como a un vulgar peatón que soy.

Kika... dijo...

microalgo... llevo todo el día con lo de "Simango"... jajajajajajajaja

carlos j... es verdad, qué competitiva es la clientela del Dia!!!! Yo estoy muy concienciada con eso del reciclaje y tal y tal, pero me encantaría llevar bolsas con tal de no ir tirando del carro, que como ha dicho Sibi acertadamente, debe ser del año ochenta. De mil OCHOCIENTOS ochenta...

muchos besos a los dos,
K