03 julio, 2008

KikaNirvana

Al día siguiente de terminar la oposición del año pasado, allá por el mes de diciembre, la hermaníssima me llevó al spa de su gimnasio. De pronto, los nervios de meses (el Arquero y yo comparamos la oposición a un embarazo, y no nos falta razón) me cayeron encima y sufrí lo que los ciclistas llaman una pájara, las damas finas un vahído y el resto de los mortales una bajada de tensión. Mi hermana, que sabe que cuando se me ponen cárdenos los labios es por algo, lo solucionó enseguida haciéndome poner la cabeza entre las piernas como si de volver a un útero seguro se tratara, y después me trajo una bebida energética que sacó de una máquina en el pasillo que daba a los vestuarios.

Diez minutos después, estaba casi recuperada.


Pero ya no me sentía igual.


Noté que mi cuerpo había dejado de acelerar, de pasarse de vueltas, como si alguien hubiera dejado el tacómetro estable en las tres mil revoluciones. Como si todos los procesos biológicos, antes detenidos por el estado permanente de nerviosismo, fueran volviendo a su ser lentamente. Una especie de recolocación. Una especie de calma. El nivel de sonido de mi vida volvía a picar en verde en lugar de salirse de madre.


Llevo una temporada rara. No me atrevo a calificarla de mala, porque ha habido de todo. Pero estresante sí que está siendo. Hasta las personas más nerviosas nos estresamos, faltaría más. No es que haya estado estresada. Es que he estado lo siguiente, aunque quizá no se haya notado demasiado. Un nudo permanente en el estómago, ansiedad, miedo, preocupaciones varias… personas que te ayudan y otras, como Nicole Kidman en la peli que vi ayer (se llama Margot At The Wedding) empeñadas en fastidiar. Y especialmente habilidosas a la hora de hacerlo.


Anoche me senté en la calle mirando al cielo. Había unas nubes amarillas preciosas que se recortaban sobre el cielo del atardecer. Intentaba hacerles fotos en las que salieran como eran, pero creo que no terminé de lograrlo, porque tengo cámara nueva (una chachidelavida) y aún no tengo demasiado claro todo el tema de los ajustes. De pronto, me di cuenta de que no estar en el taller, no ser capaz de hacer que mi cámara reprodujera exactamente los colores casi nocturnos de Madrid en verano, el hecho de ir al cine después de un siglo de ni siquiera pisarlo o de haber quedado con alguien nuevo no me causaban el más mínimo signo de estrés.


No sé si fueron las nubes.


O si fui yo.


Desde luego, la compañía colaboró.


Así que esta mañana me he vestido enteramente de blanco.


Y sonaba esto.



Después, un poema que se llama Serena. Escrito en el móvil, porque no tenía otra cosa.


Serena. Me gusta como suena. Suena a abrazo.


Fantástico.



Primicias primiciosas musicales… José Luis Manzanero, candidato a Mr Cantautor 2008, ha firmado un contrato discográfico del que ya os informaré con más tiempo, y el otro día pude hablar con Diego Cantero que me confirmó que su disco (maravilloso, por cierto) está a punto de salir.

Y además, esta noche…

Alejandro Martínez

Bar “El 13”

22:00h

Presentando sus Orgasmos Modernos


6 comentarios:

Queens dijo...

Un día sin venir a cuento las cosas se colocan y llega esa paz, haremos todo lo posible para que te dure (aunque sea alejando a escobazos a esos que solo saben hacer daño)

Besos desde un estado más bien incierto.

Q

Kika... dijo...

te invito
a mi azotea

a ver atardecer

con seminocturnidad
y alevosía

(a mí me ayudó ver las nubes doradas)

besos
K

sibi dijo...

me alegra ver que las nubes han hecho un buen trabajo :)


y me suena precioso el título del poema!


besotes

[aunque no te comente, te leo a diario, eh!]

cerillasGaribaldi dijo...

Yo, como verás y sufrirás, te escribo a diario. A veces me pregunto que hago aquí pero me reafirmo en dejarme mandar por los impulsos, que para comportarme ya tengo mi vida real.

Cuando más me gusta mirar al cielo es en el momento del alba, su resplandor me embriaga (más de lo que vaya) y sentir como única compañía a los mirlos y sus trinos metálicos. Son sensaciones que me embaucan para seguir vivo...

Lo del blanco total es muy muy muy bueno y la canción...preciosa (no sé de donde las sacas)

Besos, Bob

Anónimo dijo...

pues claro que sí:
después de la tempestad
siempre llega la calma
y el blanco es el mejor color, llena de luz y energía positiva
besos

Kika... dijo...

Sibi... yo también te sigo, eres un amor. Que no te meriende esta ciudad recalentada...

Bob... oye, no dejes de comentar... que entonces dejaré de pasear por el bulevar... besos, Suze

Anónimo... tienes razón. Y adoro el blanco, no sé por qué. Será por esa energía que dices...

besos y magia a todos!
K