16 julio, 2008

Estudio científico de miradas somnolientas



La verdadera historia

sólo la sabremos

cuando la sepamos nosotros.


Cuando decida gritarte por fin

que nunca fuiste un error de cálculo:

sólo un flash tuyo desinspirado

y un aliento mío tan lleno de imaginación

que exhalaba por las esquinas

olor a nosésiamor,

olor a dolor,

olor a tanto.


Y soy yo sola

ante las improbables estancias

del no sé

y el no te quiero.


Escribo, las tres de la tarde,

aunque en realidad querría dormir la siesta

- quizá, contigo –

me queda inundarme de canciones ruidosas

para que dé igual escribir que escribirte

sentir que sentirte,

pero no oler que olerte:

si dejo de olerte habré perdido

la memoria de cien colonias infieles.


De ahí que perdone como perdono,

que finja estar hecha de teflón,

que hable de daños colaterales

como si en el fondo no te buscase

en los veladores de los cafés.


Como si hubiera dejado de querer documentar

tu mirada somnolienta al besar.


[qué título tan afectado para un poema de amor arrastrado,

resultado de una partida paranoica a las damas,

de un me gustas pero no sé por qué me gustas,

de un ya no te quiero,

de un me siento engañada pero no me importa,

de todo eso y de una buena dosis de dolor,

que no oculta ni empaña lo que me importas,

y lo que no te importo,

de lo importante de importarse]


De El estanque de tormentas.



La foto… yendo a buscar el coche, de ahí lo del llavero de un caballito de peluche en la mano…


4 comentarios:

Anónimo dijo...

arrastrado, pero inmenso.

Siempre.

Microalgo dijo...

Los ojos de la foto de sus comentarios en otros blogs...

¿Son suyos?

En caso afirmativo, argh, of, ay, ouch, ay, Virgen Santa.

Kika... dijo...

anónimo... gracias...

microalgo... sí, son míos. los dos. y en esa foto no hay photoshop :)

besos y magia,
K

Microalgo dijo...

Entonces, reitero:

Argh, of, ay, ouch, ay, Virgen Santa.