29 julio, 2008

El alicatado no tiene poesía

Hoy puede pasar de todo porque me he puesto a fregar los azulejos del baño, al principio por mero afán higiénico y al final con una especie de obsesión-compulsión muy poco sana. Es verdad que no estaban tan mal, sólo algún berrete (visito rae.es a toda velocidad a ver si berrete existe, perdón, está en el diccionario, porque sé que existe porque yo la digo, está, suspiro de alivio) de jabón, y algún que otro antiguo exceso de gel adherido tras la alcachofa de la ducha. Una vez que he dejado el alicatado como una patena, y de paso he quedado reventada porque ese ejercicio no es el que se me antoja adecuado para una tarde-noche de calor, me he puesto a pensar en lugar de hacer la traducción de francés, que era lo que me tocaba.

Resultado: cadena de pensamientos con nulos efectos sobre mi salud mental (nulos, ni buenos ni malos, meramente inexistentes) y con efectos apreciables sobre mis ganas de escribir. Lo que pasa es que al minuto de decidir contar tres historias chungas sobre hombres ha entrado en juego la autocensura (el blog es mi casa, pero tampoco es cuestión) y he terminado por volver a coger la bayeta para sacarle brillo al bidé. Ahora mismo se puede comer en mi cuarto de baño, o beber del váter con una pajita, de puro limpio que está.

Así son los días en los que puede pasar de todo: empiezas pensando en escribir tres historias (las había llamado chungas, pero ya ni creo que lo sean), después te refrenas, y no porque sean ofensivas, ni porque sean impublicables, ni porque sean íntimas, sino porque son las tres cosas y a la vez pueden no ser ninguna de las tres. Terminas limpiando el bidé, que está muy bien, pero no es creativo, ni amoroso, ni apela a sentimientos elevados. El alicatado no tiene poesía, ni los reflejos deformados de los azulejos son los del Callejón del Gato, porque los últimos deforman con gracia mientras los primeros sólo emborronan.

Puede pasar cualquier cosa porque he decidido escribir las historias chungas, pero no contarlas, porque como dicen las Fairy Widows, esta canción tampoco hablará de ti, querido.

Escribir para ordenar, para comprender, para volver a sentir.

Explicarme así cómo puede ser que quizá haya visto al amor tan de frente que me quedé mirando como los animales que cruzan la carretera por la noche, congelada ante la fría luz de los faros.

Puede que congelada. Pero no inmóvil.

Y mucho menos, asustada.


(amor y váter en un mismo post… tengo que cambiar de temática…)

2 comentarios:

cerillasGaribaldi dijo...

Me encanta leerte desde estos mundos 3G (echo de menos mi teclado).
Besos, Bob

Kika... dijo...

Bob... te iba a preguntar, llevada por una malsana curiosidad, cómo se veía el blog por la ventanita del telefóno (no sé ni usar el internet del móvil, vete a ver si tengo)... pero mejor no, porque dado el tamaño de la pantalla ya sé cuál va a ser la respuesta: "mal, kika, mal"...

:) muchos besos y espero, mi querido Bob, que estés pasando unas buenas vacaciones!
K