28 junio, 2008

No soy digna (de tu blogroll)





Una etapa no se quema en un día, pero un día ocurre algo que te hace darte cuenta de que lo que hacías está dejando de tener sentido en tu vida. No suele tratarse de una pérdida rápida, pero indefectiblemente es irremediable. Empieza pudriéndome una cosa pequeña, y en lugar de preguntarme por qué algo nimio me está fastidiando tanto, me fijo en el lado bueno de las cosas, sigo, persisto, me entretengo, incluso me autoconvenzo de la importancia de lo que estoy haciendo.


Pero no. Reacción incorrecta. Porque cuando eso ocurre hay que pararse, pesar y medir. Medir qué te da la situación y qué te quita. Pesar lo que das y lo que recibes. Pararse y mirar los saldos. Muchas veces, casi todas, aunque dé más de lo que recibo, me quedo donde estoy por otros motivos. ¿Los principales? Porque quiero y porque me gusta. Y ya está.


Pero las etapas se queman, decía, y un día las tonterías que te pudren se convierten en tonterías mucho mayores, y después en ansiedad cada vez que piensas en ello, y después en retahílas de palabras obsesivo-repetitivo-compulsivas cuando cuentas lo que te pasa. En esos casos, o te quedas en el bucle o paras el pensamiento.


Parada.


Tenía una amiga cuya psicóloga le recomendó que cada vez que quisiera parar el pensamiento, se diera un tironcito a una goma del pelo que llevaba siempre puesta en la muñeca. Yo no hago eso. Yo se lo cuento a la hermaníssima, y ella, con su verbo afilado cuan katana japonesa, me para, me corta, me recorta, me destaca sobre el fondo y me dice que se acabó. Que no me quede si no quiero. Con que me lo diga otra persona (ayer Queens me lo dijo también mientras soportaba mi perorata), me detengo y decido si prefiero continuar en las vías o descarrilar con glamour. Pues descarrilo, ya ves, me largo, ya veis. Y además cuando digo que me largo es que me voy, como si sacara unas tijeras y cras cras cras, cortara lo que me une para poder marcharme. Porque corto, y me largo, y si pudiera gritaría algún improperio. Qué va, no gritaría nada. Me iría cantando.


Mucha gente no se va de los sitios definitivamente. Dejan de aparecer. Pero nunca lo dicen. Yo sí, creo. También podría largarme simplemente, pero odio la dinámica del fait accompli. La tercera vía entre las explicaciones eternas y la desaparición probablemente sea la mejor. Aunque eso lo iré viendo según vengan las cosas.


Al final, no se trata de hacer las cosas por lo que te reportan. Ni por lo que ganas. Ni de dejar de hacerlas por lo que pierdes. En mi caso, dejo lo que me causa ansiedad, o lo que me causa demasiada ansiedad. Lo malo es medir el demasiado, ya lo dice la canción. El demasiado suele venir en un arrebato. Se acabó. Fin de etapa. Luego lo consulto con la almohada y si a la mañana siguiente la quemazón persiste, es el momento de terminar. La etapa se ha quemado sola. Después, cenizas y pavesas.


Lo malo es que a veces coges las tijeras esas y no hay nada que cortar. ¿Lo malo? Qué va. Eso es lo mejor. Así te puedes ir tranquilamente.


No es un ejercicio de soberbia, supongo. Eso sería lo propio, pero no. Es liberación. Es una micra de autoafirmación antes que de mí sólo queden las brasas. Es un no soy digna de tu blogroll y me da bastante igual.


Me habría quedado por él. Pero él tampoco está.

La foto… de la casa de V., humanista de honor y propietario de la puerta más bonita de Madrid… cuando me voy de alguna parte, siempre pienso que lo hago por esta puerta…


5 comentarios:

Queens dijo...

No hay que sufrir por sufrir que de eso ya hay demasiado en esta vida.

Besos
Q

PD: ahora soy digna de una foto, jaja si me vieras las pintas. Te veo esta tarde guapas, guapisimas.

Miguel Marqués dijo...

Kikilla, un saludo desde nuestro sitio, que está precioso estos días. Lástima que sea por tan poco.

¿Sufrir? ¿Para qué están las puertas?
Sobre todo las del verano :)

Un besico!

NáN dijo...

Que corra el aire.

Kika... dijo...

Queens... tienes toda la razón. Sufrir por sufrir, no gracias. O como diría la hermaníssima... gracias pero no, gracias!

Miguel... ohhhh... este año no creo que vea el mar. Ni verlo, ni olerlo, ni correr, ni gritar por esa tierra polvorienta nuestra. Qué ganas de coger la puerta del verano...

NáN... sí, que corra, que corra. En mi casa y en mi vida, la estrategia romana. Ventanas cerradas y persianas bajadas durante el día y todo abierto por la noche. Aunque haga corriente.

besos y magia a todos,
K

cerillasGaribaldi dijo...

No me entero de nada. Eso sí, la puerta preciosa, ya no se fabrican así.
Espero se digno de tu Blogroll, tu Bob