10 junio, 2008

Más barato que la carne de gato

A mi madre y a mí nos encantan los mercadillos. Pero nada de mercadillos estudiados, sino esos que son heavys de verdad, en los que hay un montón de puestos muy mal dispuestos. Nuestro favorito es uno que ponen en un aparcamiento asfaltado al lado de de la estación de Hortaleza, una estación muy rara donde no paran los trenes – está por ver aún si pasan – y los coches de autoescuela hacen prácticas. Una estación sin trenes, pero con coches de autoescuela. No hay quien lo entienda, aunque eso indica claramente que el mercadillo es realmente el vórtice de un paralelismo brutal, el de la crisis económica, o la leve recesión o lo que sea.

Todo es barato, y siempre hay un millón de personas que rebuscan en los puestos. Glamour… cero, como me gusta a mí. Lechugas, ajos y cajas de cerezas a dos euros, vestiditos indios, chaquetas de ganchillo y vendedores que hacen bisutería. Todos gritan.
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El cháaaaandaaaaa, el chandiiiiita, a cinco leurooos.
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La tangaaaaa de microfibra, tres por treeees eurooos.

Los vendedores de imitaciones ilegales aparecen y desaparecen, exponiendo los bolsos de marca sobre cajas de cartón improvisadas antes de que alguien les dé el agua, vamos, les avise de que vienen los municipales.

Los carteles son lo mejor.
Leguis, 2€. 15€, esto es moda.

Mi puesto favorito es uno donde un gitano y su madre venden vestidos. Él siempre grita que lo tiene todo
más barato que la carne de gato, y que la que más revuelva, menos paga. Mi madre dice que le gusto, que por eso me deja los vestidos a diez euros y me sujeta el espejo mientras me miro. Porque yo me pruebo los modelos encima de la ropa, todas las chicas que tienen el mismo vestido en la mano esperan a ver cómo queda, y si a mí me favorece, entonces todas compran. Así que me da a mí que mi gitano me quiere por motivos comerciales y no porque le gusten las rubias. Su madre me dice que soy como su hija, la que tiene el puesto en Barajas. Deben tener un emporio de puestos, esta familia nómada de los vestidos.

Mi madre negocia los precios mientras nos comemos unos tomatitos pequeños. Y miramos en el puesto que tiene las cosas de la tele a ver si hay una especie de máquina de hacer zumos para la hermaníssima, que la llama la zumera, y que seguro que es una estafa de la teletienda.

Y yo pienso que esto es vida, mientras me acuerdo de este vídeo…



… el mejor vídeo sobre venta ambulante, en Formentera,
starring el Trío Hierbas, con Lucas al frente…

Qué pena que en los mercadillos de ahora ya no haya puesto de casetes. Que eso siempre daba mucho juego.

2 comentarios:

Sibila dijo...

me encantaban los rastrillo de barrio... lo digo en pasado porque llevo sin hacerle una visita al de mi barrio (pza. elíptica) un montón de años. La verdad, es que en los últimos 4 años he vivido más fuera del barrio que en él y es una pena. Asi que, en cuanto tenga vacaciones del curro, haré una inspección a fondo e iré directa a la 'rebu', como dice una amiga mía (a los montones de revolver, vaya)


un besote!


pd: siento el comment extenso... no me lo tengas en cuenta, son los nervios por los exámenes :s

Kika... dijo...

Sibiiiiii...

Aquí puedes comentar largo y tendido, faltaría más. Y estoy histérica pre-examen también! A ver si lo vamos a tener el mismo día!

Y a la rebu, eso es, viva el rebusquing en el todo a un euro! Vivan los mercadillos!

Y sobre todo, vivamos nosotras jajajajajjajajajaa

besitos
K