14 junio, 2008

Liturgias

La vida está llena de rituales cotidianos. Esos que se repiten para vencer el miedo. O los miedos que se me trenzan en el pelo y van acompañándome.

Las rutinas son rituales a los que alguien les quita el halo de superstición. Quedan condenadas al reduccionismo del mundo laboral, de las tareas de la casa. Intendencia y limpieza.


Las liturgias se diferencian de las rutinas como si tuvieran envoltorios de colores en relieve. Muchas se referían a ti. Otras tantas me hacen recordarte. Esperar tus llamadas a medianoche, dejar el móvil vibrar mientras lo miraba, sintiéndome un animal bello e infrecuente, una especie de marchita libélula nocturna que bebía de tu voz. Dejarte pensar que estaría durmiendo, y yo sentada sobre las manos para no hablarte, para dejar de pegarte en mi alma.


Olvidando qué haría si te tuviera. Con la fuerza de voluntad mal ajustada en cada segundo del reloj. Escondida, tanteo tus palabras. Te veo en las paredes, en los anuncios de la calle, reflejado en los espejos, en las palabras de otros que parecen tener entre los dientes el regusto de las tuyas.


Condenada a repetirme, una liturgia tras otra: los bares, los besos, los semáforos en rojo. El corazón a ritmo de música disco. El hombro izquierdo, obstinadamente desnudo.


La misma copa. El mismo licor destilado de lápiz de labios y ausencias forzadas.

Un paso, la liturgia. El siguiente, la compulsión. Después, la obsesión.


Al final, la locura. Que te vuelvo loco, dices.


Yo debo estar loca ya. O borracha. Me cuesta distinguir la realidad en este diálogo sordo de liturgias diarias, de rituales estériles.


3 comentarios:

NáN dijo...

¡¡buen examen!!

Hay un libro que me repele (El principito), aunque tiene cosas muy útiles, como esta explicación de la liturgia, de lo que es, de lo que se llora y lo que se gana.

-Qué son los ritos?-preguntó el principito.

-Se trata también de algo bastante olvidado-contestó el zorro- Es aquéllo que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un maravilloso día, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.

Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:

-Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.

-No es mi culpa-repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño...

-Sí, yo quise que me domesticaras-dijo el zorro.

-Pero dices que llorarás!

-Sí-confirmó el zorro.

-Ganas algo entonces?-preguntó el principito.

-Gano-aseguró el zorro- por el color del trigo.

Kika... dijo...

... maravilloso, Nano... me pasa un poco como tú con El Principito, pero también soy el zorro, con mis liturgias, con lo que lloro y con lo que gano...

miles de besos con efecto mariposa!
K

cerillasGaribaldi dijo...

Mi liturgia es leer tu vida y me costaría/dolería mucho cambiar la ceremonia.

No necesito mas pasos.

Besos, Bob